domingo, 28 de marzo de 2010

La casa la Bernarda


La casa de Bernarda Alba, de Lorca, dirigida por Pepa Gamboa e interpretada por la compañía andaluza Atalaya Teatro, sigue de gira.

Cuando me recomendaron ir a verla en el Paraninfo de la UJI, lo único que sabía de la obra es que había sido Premio Nacional de Teatro 2008, pero no imaginaba el descubrimiento que iba a significar encontrarnos con la interpretación de un grupo de gitanas de El Vacie, el asentamiento chabolista más antiguo de Europa, que cuenta con un millar de habitantes. Y si para la directora la obra presenta "muchos paralelismos con la situación de estas mujeres. Lo suyo, al fin y al cabo, es un encierro a cielo abierto", la realidad es que para las intérpretes constituye "la oportunidad para levantar, por fin, la cabeza".

Tras el taller impartido con una veintena de mujeres de etnia gitana, la directora decidió llevar a escena "La casa de Bernarda Alba" de Lorca con nueve gitanas sin alfabetizar, que por vez primera pisaban un escenario. El montaje levantó una enorme expectación por lo que la mayor parte de las televisiones y demás medios de comunicación han realizado amplios reportajes sobre este histórico evento que supone una experiencia de integración social única en España.

La crítica se ha deshecho en elogios. Incluso Laura García Lorca, sobrina del autor y presidenta de la Fundación Lorca, que asistió al estreno, no dudó en decir que era una de las versiones más lorquianas y emocionantes de cuantas hubiera presenciado de esta obra.

Aseguro que los elogios son merecidos. Por ello, quien no la haya visto y tenga la oportunidad, que no la deje pasar.


sábado, 27 de marzo de 2010

Comentarios al bies

Esta semana se me ocurrió colgar en el perfil de Wikipedia de Eugenia Rico una foto que le había hecho hace unos meses. Para mi sorpresa, cuando todavía no había incluido los últimos cambios al texto a pie de página que la acompañaba, recibí un aviso de uno de los administradores de esta web diciéndome que la foto vulneraba determinados derechos, ya que no creían que fuese el autor de la misma puesto que las pruebas de autoría que aportaba no eran convincentes.

Al tiempo, durante las últimas semanas, y a consecuencia de la lectura de decenas de titulares con motivo de la nueva Ley de Economía Sostenible, se deduce que la efectividad en el control de las webs de descargas será ejemplar. Todo parece indicar que será rápido, contundente y rotundo, de modo que al menor indicio de irregularidad en la vulneración de los derechos de autor la ley actuará sin dilación para clausurarla.

Sin embargo, Esteban Ibarra, presidente de Movimiento contra la Intolerancia, ha comentado las dificultades con las que se ha encontrado en algunas ocasiones a la hora de clausurar grupos xenófobos anónimos en determinadas redes sociales. Aunque muchos opinarán que podemos decidir bloquear esos lugares y no tenerlos en cuenta ni visitarlos, no es algo que le reste gravedad y no parece que lo resolutivo de la actuación de la justicia para este tipo de casos sea el mismo.

Sostiene el periodista Jeff Jarvis que los comentarios deben servir para convertir la comunicación en algo colaborativo y productivo. Su "mala calidad" (con agravios o descalificativos) no debe preocuparnos siempre que entendamos las plataformas donde se expresan como un lugar público y no como un medio. Jarvis considera que no es una cuestión que tenga que ver con el anonimato que hay en Internet (a los que podemos añadir los teléfonos de opinión en programas de televisión y en determinadas cartas al director o páginas de opinión de lectores de algunos periódicos), sino con el valor que esos medios den y presten a este tipo de comentarios como "buenos anfitriones".

En nuestra sociedad democrática debemos poder opinar sin temor a ser perseguidos por ello. Por lo tanto el anónimo no tiene cabida. El anónimo es como la puñalada traicionera y cobarde por la espalda. Puñalada de la que son también cómplices los medios que, descansando en la apostilla: "No nos hacemos responsables de la opiniones de nuestros lectores", los publican. Sobre todo porque ningún medio de comunicación puede escudarse en que tal ofensa, tal difamación, o tal mentira, no es de su responsabilidad. Por ello las plataformas en las que se manifiestan estas opiniones son, indiscutiblemente, responsables de sus consecuencias y no meros soportes donde lanzar nuestra opinión para dejar que la gente reaccione, mientras que nos batimos en retirada al interior del castillo y cerramos las puertas para no escucharles.

viernes, 19 de marzo de 2010

HelArte...


Hace tres años, visitando el MOMA de Nueva York, en una de las salas pequeñas que muestran arte conceptual, vimos cómo uno de los visitantes arqueaba su cuerpo para contemplar más detenidamente un aspecto muy particular de una de las obras expuestas. Al principio nos quedamos mirando a la persona más que a la pieza, porque reparábamos más en el interés que parecía tener en concreto por esa obra y no con el resto. Cuando salió de la sala nos apresuramos a ver qué es lo que había despertado tanto interés en aquel visitante ante lo que tendría que ser, a todas luces, una obra cumbre de la vanguardia creativa. La obra en cuestión era un estor del mismo color blanco crudo que las paredes de la sala y cubría el vano que dejaba una ventana cerrada.

Esta anécdota nos obligó, una vez recuperada la calma, tras las inevitables carcajadas, a relativizar la cuestión del arte contemporáneo y por ello seguimos la visita al museo con un tono mucho más distendido.

Leo los comentarios de los internautas en el blog “La Tercera Opinión” con motivo de la reflexión sobre lo que podemos considerar arte y lo que no. Y el punto de vista mayoritario parece resumirse en que arte es una manifestación de la creación humana en la que el artista ha invertido mucho tiempo en su manufactura, logrando con ello el virtuosismo sumo de que la obra reproduzca miméticamente el modelo original. Otra de las corrientes de opinión dominante es la consideración de que los que valoran como obra de arte aquellas creaciones que no se enmarcan dentro del arte figurativo son unos snobs “entendidos” que no hacen otra cosa más que engañarnos, siendo por ello los responsables de la lamentable imagen que las generaciones venideras se harán de nuestro gusto artístico.

No puedo estar de acuerdo en nada de todo esto. Para mí arte es lo que provoca que se me detenga el tiempo. Nuestro gran enemigo es el tiempo, porque no podemos pararlo y se nos va escapando irremediablemente sin que podamos hacer nada por detenerlo. O sí.

Detenemos el tiempo con el arte. Cuando leemos una novela o una poesía, cuando observamos una escultura o vemos una película, cuando escuchamos música u observamos la luz a través de las vidrieras de una catedral… Entonces detenemos el tiempo. O lo recuperamos, porque nos evoca momentos, nos sugiere sensaciones que no son las que estamos viviendo en ese instante. Eso es arte.

Qué más da cuánto tiempo invirtió el artista en crearlo o la pericia que mostró el escultor en las hojas de acanto de un capitel corintio. Arte es lo que queda… Arte es el poso, lo que hace que después de haber visto un cuadro abstracto no seamos más los mismos. Arte es la sensación que sentimos cuando olvidamos cuáles eran los colores de ese cuadro y sólo queda la emoción que nos provocó estar frente a él.


Foto: Néstor Botta: "El observador"

viernes, 12 de marzo de 2010

La vuelta a Castellón en 80 citas


La obra de Julio Llamazares se caracteriza por su intimismo, el uso de un lenguaje preciso y el exquisito cuidado en las descripciones, que le han convertido en uno de los creadores más sólidos y consecuentes de la literatura española actual, enemigo de encasillamientos y definiciones, a la sombra del cuasi anonimato, disfruta libremente sus paseos por los barrios de Madrid, para luego retirarse, en silencio, a su oficio donde da forma a las palabras.

Con motivo de la charla del próximo miércoles en el ciclo "Condición Literal" de Bancaja-Fundación Caja Castellón, titulada “El oficio de escribir”, adjunto algunas de las declaraciones del escritor a Yolanda Delgado Batista, que nos hacen intuir que es una cita que no nos debemos perder.

Para Llamazares “desde el origen del hombre está la necesidad de contar y de que te cuenten historias. En la infancia lo primero que pedimos es que nos cuenten cuentos y cuanto más fantásticos mejor. Las novelas son historias que la gente lee para olvidar otras historias que les están ocurriendo. Aunque no siempre. Yo creo que, en parte, hay un aspecto de evasión de la realidad a través de la fantasía y, por otro lado, ocurre lo contrario, que también son historias que nos ayudan a interpretar la realidad y a conocer nuestra propia historia".

Afirma el autor que la literatura es algo vocacional: “Desde que me recuerdo a mí mismo, desde que tengo uso de razón o de memoria, me recuerdo escribiendo. En mi entorno no había nada que me empujara hacia la literatura. De pequeño vivía en un pueblo minero donde no había ni un libro seguramente. Digamos que no tenía un ambiente precisamente literario, sino todo lo contrario. Y, sin embargo, siempre me recuerdo escribiendo o queriendo escribir cosas desde los ocho o diez años”.

"Me tomo la literatura como un fin en sí mismo y no un medio para algo. Para mí el acto de escribir es un acto solitario. Escribir es un vicio solitario. Lo que ocurre es que en estos últimos años se ha convertido en una actividad prestigiada socialmente. Entonces al escritor se le exige también que sea personaje social (...). Y de la literatura lo único que me interesa es escribirla o leerla. Todo lo que hay en torno a la literatura: el mercado, el glamour..., me parece una mentira que no tiene nada que ver con la literatura y, sobre todo, lo que hace es impedirte escribir normalmente".

"El cine, como la literatura, siempre tiene que ser reflejo de su tiempo. En España no lo ha sido en los últimos años o no lo ha sido en todo. Si tú tienes que entender este país a través de las películas que se han hecho en los últimos veinte años sobre todo las películas que más éxito han tenido dentro y fuera de España, verás un país que no tiene nada que ver con éste. Es decir, fuera de España el cine que se conoce fundamentalmente es el de Almodóvar. En Canadá o en Polonia deben pensar que España es un país de travestidos, de modernos de diseño, y España es eso en una mínima parte pero sobre muchas más cosas".

"España va a ser en todos los sentidos —está siendo ya—, un país que está avanzado muchísimo en muchísimas cosas, pero no precisamente en la cultura. España ha avanzado mucho políticamente, económicamente, pero culturalmente ha vivido en una especie de campana de cristal, en una especie de nube de autocomplacencia que se va desvaneciendo. Yo creo que todo volverá a la normalidad y la literatura volverá a hablar, como el cine y como el periodismo, de las cosas que realmente importan a la gente, no de las cosas que determinadas personas dicen que le importan a la gente".

Concluye afirmando que "la labor de un escritor es contar de la mejor manera posible; de los miles de millones de formas de contar una historia, tratar de contarla de la mejor manera posible. No se trata de contar una historia por contarla, sino de sacarle el máximo jugo a esa historia, y eso solo se consigue a través de la manipulación del lenguaje (...). Los escritores hacemos eso, lo que yo entiendo por escritor: limamos, pulimos las palabras como si fueran piedras hasta que producen una música y una poesía determinada que es la que uno pretende".



lunes, 8 de marzo de 2010

Viajando desde el sillón de casa (aunque no seamos malditas)

De Aracataca a Cartagena de Indias, por el Caribe colombiano tras los pasos del autor de Cien años de soledad, no es el camino lógico para llegar a Castellón. Sin embargo ese fue el itinerario de Eugenia Rico para llegar aquí, con la voz de García Márquez resonando todavía en su memoria, con la certeza de que nada es más asombroso que la realidad, y cargada de cuentos, fantasmas, espíritus y paisajes que quiso, con toda su pasión, compartir con nosotros.

Viajar, afirma Eugenia, es como escribir, la mejor manera de gozar y sufrir en un corto espacio de tiempo. Aunque la verdadera y única máquina del tiempo, la que de verdad funciona es la de la literatura, una máquina de palabras. Todo lo que se escribe ha sucedido, o está sucediendo o sucederá, de modo que podemos viajar del pasado al presente y del presente al futuro. En algunas ocasiones, incluso todo a la vez, o nada de ello, ya que el tiempo puede llegar a no existir, podemos abolirlo. Y así vemos que una vida puede contarse en unos minutos y que un momento de una vida puede estar escrita de modo que leerlo pueda llevarnos incluso horas.

Como nosotros, Eugenia viene de la periferia, pero de la de las montañas de Asturias. Sin embargo, eso ya no importa, porque los extrarradios ya no existen, lo que importa es que uno viva, porque ahora la verdadera riqueza, la búsqueda, e incluso los creadores ya no están en lo que antes considerábamos el centro, la gran ciudad, donde la vida se ha hecho tan dura. Pero eso sí, como muy bien nos recuerda, uno no debe convertirse en un ermitaño porque la verdadera voz, la voz de uno mismo, solo se encuentra tras conocer la de los demás. De este modo la nuestra no se parecerá a ninguna otra y tendrá personalidad propia.

Y además de todo esto Eugenia, con su original voz literaria, nos condujo a través de un particular viaje desde el pasado al presente por el mundo de las brujas, de las malditas y de los malditos, de víctimas y verdugos, de inocentes y culpables. Tanto en la Inquisición como en la sociedad de hoy, los verdugos son siempre los mismos, y es difícil librarse de la larga sombra que proyectan.

Querida Eugenia, gracias por brindarnos tu aventura literaria, por entusiasmarnos con unos personajes que irremediablemente nos recuerdan a nosotros mismos y por devolvernos la vitalidad de la lectura como la forma suprema de placer.

jueves, 4 de marzo de 2010

Las gallinas


Las gallinas me fascinan. Observarlas en sus rutinas previsibles me resulta hipnótico. Son de una fidelidad rayana en el fanatismo. Cada mañana, al alba, bajan del palo del gallinero donde han pasado la noche, salen del corral por el mismo agujero de cada día y mientras observan a sus compañeras, silenciosamente, se saludan con un leve cloqueo, casi como por compromiso. Mientras, airean sus plumas, se miran perplejas, e inician su jornada que se reduce a comer, beber, espantarse, asustarse y dedicarse monotemáticamente a fabricar un huevo que poder ofrendarnos al día siguiente.

Les gusta pasar el día limpiándose y acicalando sus plumas, tomando el sol, dándose baños de arena o picoteando mecánicamente contra el suelo, como a martillazos, solo que en este caso es con la cabeza. Tanto golpe en la testa probablemente determine su carácter servil y les impida olvidar que cada una de ellas tiene un lugar fijo en su imaginaria pirámide social de corral, viviendo en absoluta armonía de acuerdo con ella, sin cuestionarse nada.

Y así un día, y otro día, y otro día más hasta llegar al final de sus días. Con toda seguridad, unos días después de dejar de poner el huevo diario en el mismo lugar que todos los días de su vida el dueño del corral la sacrificará para convertirla en caldo. Porque ya saben lo que dice el refrán aquel de la gallina vieja y no sé que más…

¿A que ahora no les parece tan rara la afirmación de que mis gallinas son unas fanáticas? Los pollos van incluidos en esta fauna, que conste. No estaría de más que de vez en cuando se cuestionasen alguna de sus rutinas. Pero... ¿para qué?, probablemente están mucho más a gusto sin pensar en ello y, desafortunadamente no hemos encontrado otra forma de fabricar huevos.