domingo, 31 de octubre de 2010

Lo real hecho sagrado


El Palacio de Joan de Valeriola, un edificio gótico de los siglos XIV-XV en el barrio de Velluters de Valencia acoge la Fundación Xirivella Soriano desde mayo de 2005. Además de una notable colección de pintura contemporánea española de autores como Antonio Saura, Fernando Zóbel, Eduardo Arroyo, Carmen Calvo, Rafael Canogar, Juan Genovés, Joaquin Michavila, Eusebio Sempere, Guillermo Pérez Villalta, Jose María Yturralde, Juan Antonio Toledo, Ràfols Casamada, Gordillo, José Guerrero, El Paso, Equipo Crónica o Equipo Realidad, entre otros, la Fundación organiza talleres, conferencias y diversas actividades de investigación artística así como interesantes exposiciones temporales de artistas que han desarrollado o vienen desarrollando su trabajo en la ciudad de Valencia. Lo real hecho sagrado, del artista jienense Santiago Ydáñez (Puente de Génave, 1969), que vivió en Valencia a principios de la actual década y tuvo su galerista en esta ciudad puede visitarse hasta el próximo mes de enero.


Santiago Ydáñez es una figura imprescindible de arte español actual. Tras su irrupción en la escena del arte emergente español ganando los premios ABC de Vocento y Generación 02 de Caja Madrid, ha progresado hasta desarrollar un importante cuerpo de obra que forma parte de numerosos museos y colecciones de referencia. Ganador de las Becas de la Fundación Marcelino Botín y del Colegio Español de París, ha expuesto en numerosos museos y galerías de España, Francia, Canadá, Italia, Alemania, México y Portugal. Su obra está presente en las colecciones del Museo Nacional Reina Sofía, de la Fundación Marcelino Botín, en la Colección L´Oreal, en la Fundación Chirivella Soriano, en el CAC de Málaga, la Colección ABC de Vocento, y la de Caja Madrid entre otras.


En la exposición de la Fundación Chirivella Soriano muestra 36 obras de gran formato, protagonizadas fundamentalmente por el rostro y las miradas como campo de batalla en el que ocurre todo, porque la fisonomía es para este artista un espejo en el que se refleja lo más profundo del ser humano y constituye una de las marcas de estilo dentro de su producción pictórica.

Como viene siendo habitual en Ydáñez plantea la confrontación de dos actitudes, la de la espiritualidad profana frente a la religiosa. Unas veces revelando cierto misticismo, y otras con un punto perverso. Por ello alterna pinturas líricas y «agresivas», que reflexionan sobre la locura del ser humano o la brutalidad infantil, con imágenes más «místicas», inspiradas en su propio rostro maquillado o gente muy cercana. No podemos identificarlos, pero si sus expresiones que van del miedo a la locura, de la angustia al dolor, quedando pues reducidos al gesto y a la expresión.

Afirma el artista que “me interesa mucho relacionar la evolución humana con el imaginario religioso. Gran parte de mi obra es autoreferencial: fui durante cinco años monaguillo completamente ateo. Me lo pasaba en grande, disfrutaba realmente al entrar en la iglesia y encontrarme con los santos y toda la iconografía religiosa. Hay una potencia indescriptible en la experiencia ritual, en esos momentos de vivencia apasionada”.

"Para mí –añade-, acercarme a un santo, ver la imagen detenida, con los ojos de cristal, me transmite la vida parecida a la de los animales disecados”. Probablemente por eso también le gusta pintar piezas de caza: “Yo soy de la Sierra del Segura, en Jaén, y allí la caza es muy frecuente. Recuerdo a mi padre regresando de cazar y a mi madre preparando aquellos animales".

“Me atraen los rostros y también el enmascaramiento. Yo casi siempre trabajo sobre sentimientos muy esenciales que pueden compartir un animal y un humano. A nivel visceral somos idénticos. Busco una suerte de sentimiento de ausencia casi mística, cercano a la sublimidad romántica aunque marcado por una agresividad mayor. Nunca intento plasmar un único sentimiento, sino que pinto sentimientos lo suficientemente amplios para que puedan sugerir distintas cosas. Por otro lado, como tú mismo señalas, me interesan asuntos variados y no únicamente el semblante, por ejemplo, la iconografía religiosa en general, el arte barroco, los motivos que tienen que ver con la infancia o las imágenes de animales”.

Primeros planos expresivos y gestuales, casi abstractos, de trazo nervioso y rápido, en grandes formatos, tienen una presencia aplastante, una fuerza e intensidad que nos traspasa desde el lienzo y crean obras de gran teatralidad ante las cuales no podemos dejar de sentir que algo que no sabemos muy bien qué es va a pasar inmediatamente porque como dice el propio Ydáñez cualquier situación en donde no hay misterio o posibilidad de cambio es aburrida.

jueves, 28 de octubre de 2010

Vedi Napoli e poi muori!


“Vedi Napoli e poi muori!”-“¡Ve Nápoles y después muere!”-, así exclaman algunos napolitanos en patriotero arrebato a la que consideran un pedazo del cielo caído a la tierra. Es cierto. En todas las estaciones es su aire balsámico y benigno, incluso en el ardor canicular, cuando es suavizado por la brisa del mar. El encanto de la región era ya conocido en la antigüedad. De hecho, cuando los griegos descubrieron esta tierra quedaron tan embelesados con su belleza que abandonaron su patria para edificar nuevas poblaciones en estas lejanas costas. Y así, los poetas griegos situaron allí el jardín de las Hespérides y los Campos Elíseos; Homero sitúa aquí el canto de sus sirenas y Circe tendía sus hechizos en las costas de Nápoles.

Pero es en el punto más atractivo de esa costa, extendida a lo largo de la orilla de un golfo majestuoso del que surgen los agraciados perfiles insulares de Capri y de Ischia, vigilada y amenazada a su derecha por el Vesubio, donde vemos a Nápoles, en forma de un doble anfiteatro partido en dos por la Ciudadela del Huevo. Ya los viajeros románticos remarcaban que por su situación, población y tesoros Nápoles podía ser considerada una de las ciudades más espléndidas del mundo, y nos recordaban a sus habitantes bulliciosos en las calles, en las que el estrepitoso ruido ya entonces no cesaba ni de día ni de noche. Del mismo modo nos describían la orilla del mar y el malecón, animados a cualquier hora por personas paseando allí su “dolce far niente” y la gente acomodada, pasando el día en sus villas y la tarde paseando a orillas del mar en las largas calles de Santa Lucía y Chiaja. Y para la gente desocupada –que según ellos constituía la gran mayoría- nunca faltaban diversiones, saltimbanquis, música e improvisadores en cualquier calle o plaza, habiendo los días de fiesta representaciones públicas y otras atracciones.

Desgraciadamente tras la unificación de Italia y la supresión del Reino de las Dos Sicilias, de la cual era la capital, Nápoles ha sufrido una creciente y ahora vertiginosa decadencia. Famosa por ser la ciudad más poblada del sur de Italia, también lo es por ser una de las más peligrosas de Europa. Sus problemas han trascendido, creando una imagen muy negativa, un cliché que tiende a predominar sobre otros muchos aspectos positivos de la ciudad y sus habitantes.

Porque también es cierto que lo que ha hecho tan encantadora a Nápoles y a su entorno es su espléndida naturaleza y lo original y espontáneo de sus gentes. Y es la imagen de los enormes racimos de guindillas rojas y pesebres artesanales inundando toda la ciudad cuando se acerca la Navidad la que nos sugiere el Nápoles actual. El de una ciudad apasionante marcada por la tradición y la religiosidad. Una ciudad de angostas callejuelas que esconden una legión de iglesias, capillas y conventos. La ciudad de callejones y recovecos que esconde el misterio de Juan Adriansens y Los Silencios del Mármol.


Juan Adriansens y Los Silencios del Mármol

En Los silencios del mármol Juan Adriansens nos reconcilia con un modo casi místico de relacionarse con el arte. Para ello nos traslada a un Nápoles donde las leyendas que circulan por sus calles son el ingrediente necesario para una historia cuya acción sucede con la capilla de San Severo, una joya del barroco del sur de Italia, que en realidad es una capilla funeraria de la familia di Sangro. Esta capilla contiene una llamativa y curiosa colección de estatuas que llaman la atención por la perfección con la que están hechas, y el difícil efecto conseguido a pesar de estar hechas en mármol.

La bóveda de la capilla sufre un derrumbe parcial y el gran mecenas Álvaro de Fontanarosa, hombre de inmensa fortuna, encarga su reparación a Mauro Beltrán, un joven restaurador español que descubre los inquietantes rumores en torno a ciertos extraños hechos que se han venido produciendo en aquel lugar. Porque cuenta la leyenda que una de las figuras de la capilla no es sino el cadáver petrificado de un amante de Di Sangro. Es este crimen del siglo XVIII, y otros paralelos sucedidos en la actualidad, los que capitalizan la trama de Los silencios del mármol.


Punto de destino

Bancaja-Fundación Caja Castellón inicia el nuevo ciclo de charlas-coloquio “Punto de destino” con la intervención del periodista y escritor Juan Adriansens que disertará con el público de Castellón sobre su visión de la ciudad de Nápoles el próximo miércoles, 3 de noviembre, a las 19.30 horas en el Salón de Actos del Edificio Hucha.

 

domingo, 24 de octubre de 2010

Atención: ¡la estrella ha llegado!


Hace años, cuando empezaba a trabajar, uno de los conferenciantes a los que había invitado me llamó varias veces para que tuviese en cuenta ciertos detalles de su alojamiento y desplazamiento que debía cumplir, porque para él era fundamental que así fuese. Siempre me habían llamado la atención las exigencias de las estrellas del firmamento musical internacional a la hora de actuar y por eso aquella situación me parecía entrañablemente anecdótica.

Al terminar la actividad con el público, y tras obtener su aprobación al cumplimiento de sus deseos, me pidió ir a tomar una copa y cuál no sería mi sorpresa cuando nada más servirnos lo que íbamos a beber me dijo:

-Dime a quién tienes pensado invitar en el futuro y te diré todas sus manías. Para que vayas sobre aviso.

A mí me resultó gracioso, pero a la vez me di cuenta de que aquella era una fuente de información de primera mano, gracias a la que podía enterarme de los problemas que algún autor podría plantearme. Porque lo deseos de un invitado, que duda cabe, se pueden convertir en problemas, sobre todo a la hora de recoger la factura que genera satisfacerlo.

Nuestro imaginario invitado real puso en su sitio a cantantes, escritores, periodistas y demás agentes del panorama cultural, de modo que llegó un momento en el que le planteé que la relación del invitado con el programador cultural y la institución para la que lo hace no puede ser desigual, ya que ambos debieran estar en una situación de mutua colaboración. Del mismo modo que un periódico, una emisora de radio, un centro cultural necesitan de ellos para poder realizar sus propuestas, le preguntaba que se plantease la situación en la que quedaba un creador si ninguno de esos medios le prestase su espacio para difundir, divulgar, y dar a conocer su trabajo. Su respuesta fue tajante y cortante:

-Vuestra obligación es complacernos. Y unilateralmente dio por concluida en aquel punto la conversación.

Hace poco una de las asistentes de uno de estos invitados me decía que la principal razón de su agotamiento se debía al hecho de estar todo el tiempo lidiando con egos inflamados. Cuando llegó la persona asistida, desde el primer momento percibí que algo estaba fallando. Y realmente no había motivo, porque uno ya sabe cuándo hay algo que no has hecho como es debido.

No es necesario entrar en detalles, pero hoy esta entrada es para plantear una pregunta a quien la lea, porque para mí es un dilema al que no paro de dar más y más vueltas sin lograr encontrar una solución satisfactoria para todos: ¿Es necesario comulgar con ruedas de molino de tamaño súper XXL en beneficio del público que asistirá a una actividad cultural o llegado a un determinado momento hay que saber poner un punto y aparte, sacrificar un resultado puntual y decir “lo siento, no es posible”?¿Es justificable tanto esfuerzo y dedicación a alguien cuya respuesta es su desgana, si el resultado con el público en un momento dado es satisfactorio?¿Merecen entonces la pena nuestros esfuerzos?¿Tantos medios dispuestos justifican un fin?¿Pueden considerarse determinadas personas tan imprescindibles como para permitirse el lujo de pretender que les tratemos como si perteneciesen a una categoría especial en la que todo les está permitido y disculpado…?

sábado, 16 de octubre de 2010

Clarisa


Conocí a Clarisa un día de entre semana, en la primavera del 2003. Yo tenía una galería en la que poder hacer realidad mis sueños de cultura de vanguardia y ella me llamó para enseñarme su revista, también con sueños de cultura de vanguardia. Cuando al día siguiente llegó y se sentó frente a mí en la mesa de la galería, la misma sobre la que ahora escribo este texto, me llamó la atención la larga melena morena que enmarcaba su cara y su acento porteño. Me enseñó su revista de nuevas tendencias y la abrió por la página donde la publicidad se presentaba dentro de círculos. Pero antes de que pudiese terminar de decirle que no podíamos pagarla me dijo que como las “burbujitas” eran suyas me las ofrecía, porque creía en mi proyecto. Aquella propuesta gratuita me pareció tan insólita que cuando se marchó no le presté ya más atención. Pensé que debía haber gato encerrado en tanta generosidad. No sé cuántas veces he pensado que precisamente aquella fuese la escena del inicio de una amistad que ha marcado mi vida.

Porque si yo no le presté más atención, sus continuas visitas a la galería con las revistas recomendándonos a sus lectores y nuestras conversaciones de aquellas tardes, en las que la única visitante era ella, hasta que se nos hacía la hora de cerrar, sirvieron para descubrir que teníamos sueños coincidentes y que los trenes de nuestras vidas circulaban por la misma vía, en el mismo sentido, y hacia el mismo destino.

Y desde ese momento solo intenté, egoístamente, hacerla parte de mi vida. Y pudimos disfrutar sueños de cultura de vanguardia, porque nunca hizo falta explicarnos cuáles eran. Nunca hizo falta contarnos cómo los íbamos a hacer. Cuando todo funciona no hace falta dar explicaciones. Pero Clarisa se marchó a Argentina. Recuerdo que supo venir a despedirse en el preciso instante que había tenido que ausentarme. Y ya no pude decirle adiós. Desde entonces Clarisa está en Buenos Aires. Para mí Clarisa estará siempre en Buenos Aires.

Tengo la suerte de que no se me ha quedado nada por decirle. Siempre ha sabido en tiempo real cuánto le quiero y lo importante que es para mí. Porque ella estará siempre conmigo y sé que a partir de ahora entrará a formar parte de esas personas cuyo recuerdo me acompaña todo el tiempo, porque son las primeras en las que pienso cuando ocurren las cosas especiales de mi vida. Esas cosas tan especiales que hubiese compartido con ellas inmediatamente y que hubiesen festejado como propias.



Querida Clarisa, si es tu deseo que se sepa que hay que estar a un millón de kilómetros de distancia de Alejandro Suaya, de Rosstoc, así lo haremos.


jueves, 14 de octubre de 2010

Agitación en Hucha: Lo que me queda por vivir


Parece que nacemos con una etiqueta imaginaria en el dedo gordo del pie que advierte del defecto que nos amargará la vida y el don que habrá de salvarnos. Así, unos hemos sido traídos al mundo para ser concienzudos, pacientes y formales; otros infelices, como corresponde a un carácter idealista; otros, personas de acción, que serán siempre queridos sin esforzarse y otros vivirán sin dar un palo al agua.

Y del mismo modo que responderemos con obediencia insensata a la descripción que de nosotros hacen nuestros padres, comportándonos fieles al personaje que nos asignaron, viviendo prisioneros de él, anhelaremos la suerte de los otros, la que por no aparecer en nuestra descripción nunca estará a nuestro alcance.

Eso es lo que le ocurre a Antonia, la protagonista de “Lo que me queda por vivir”, la última novela de Elvira Lindo. Ansía hacerse un lugar en la vida, en una ciudad y en una época de tiempo acelerado, que se presta más a la confusión que a la certeza, sobre todo para alguien que ha tenido la experiencia prematura de la pérdida y de la soledad.

“LO QUE ME QUEDA POR VIVIR”

Aunque ha sido considerada una bomba de sentimientos, un lugar de encuentro de emociones atronadoras o un misil descarnado, “Lo que me queda por vivir”, como el bolero de Omara Portuondo del que toma el nombre, nos muestra la novela más personal, madura y potente de las escritas hasta ahora por Elvira Lindo, en la que desnuda su alma, por que como ella misma afirma, "la voz que cuenta esta historia suena muy parecida a la mía […] pero no se trata, en absoluto, de una confesión”. Por eso parece algo verdadero, ya que el personaje central mantiene un notable parecido con la autora.

A medio camino entre la ficción y sus recuerdos de juventud, que retrata de forma intimista, sincera y melancólica, Elvira Lindo realiza un viaje en el que muestra los sentimientos de desconcierto y confusión que acompañan a cualquier ser humano durante su juventud. Es la crónica de un aprendizaje, un viaje al corazón de una madre que lucha por abrirse hueco en el mundo.

Publicada por Seix Barral, la novela tiene como telón de fondo el convulso y efervescente Madrid de los años ochenta y los vertiginosos cambios que propició la Transición en la sociedad española. Pero no es el Madrid idealizado de La Movida, sino el Madrid claroscuro que lleva Antonia, la protagonista, en los ojos.

Todo empieza con un huevo Kinder en la sesión de un cine de la Gran Vía, la noche de un miércoles cualquiera. Antonia es una madre veinteañera, trabajadora en la radio, que tiene que criar sola a su hijo Gabi después de separarse de su marido. Es una mujer herida, confusa, insegura y perdida que sale del paso de la maternidad sin experiencia, pero con amor; que se salva por la presencia de un hijo muy pequeño que es en todo momento el punto de apoyo, el cómplice, el testigo. Madre e hijo, los dos solos, los dos frágiles cada uno a su manera y los dos destinados a protegerse el uno al otro, para darse un amparo mutuo frente a la hostilidad y a la incertidumbre del mundo exterior.

En ésta, su cuarta novela, Elvira Lindo reconoce haber aparcado el género exclusivamente humorístico por el que es conocida por muchos lectores para adoptar una “ironía más fina que siempre le acompaña por su forma de ser”. Porque para ella, el humor no es una percha, pero en su obra “siempre ha habido un indeleble poso de melancolía”.

La escritora también ha admitido que afrontó este trabajo con mucho miedo y pudor, pero que, poco a poco, reunió "valor" para escribir su obra más personal y autobiográfica. Como la protagonista del libro empezó a trabajar a los 19 años en la radio y poco después se quedó embarazada, por lo que tuvo que mantener un difícil equilibrio entre su profesión y su condición de madre joven.

Hay, además, en la novela un homenaje póstumo de última hora a la madre de Elvira Lindo, que se llamaba como la protagonista. Lindo perdió a su madre a los 16 años, y el sentimiento de orfandad que recorre esta novela recuerda a su madre, que sentía "mucho miedo" por el futuro de su hija pequeña, de carácter "abierto, rebelde y complicado", la misma que luego se convertiría en la escritora admirada por todos.

Hay obras que se imponen a sus autores, y escribirlas ayuda a superar viejas heridas. “Lo que me queda por vivir” está narrada por alguien que se ha distanciado de lo que cuenta sin rencor ni resentimiento. "No tengo deudas ni acreedores con mi pasado. Las cosas en mi vida han transcurrido así y me han servido para convertirme en lo que soy ahora. No me gusta quejarme, me gusta aprovechar esos momentos para poder escribir sin lamentarme. Si lo he podido escribir es porque estaba en un momento satisfactorio, y, para lo nerviosa que soy, con tendencia a la felicidad y a la melancolía, vivo una época serena".

ELVIRA LINDO

Nacida en Cádiz hace casi medio siglo, periodismo, literatura y guiones han marcado un currículo cuyos inicios la sitúan a los 19 años en Radio Nacional de España, nada más iniciar la carrera de periodismo. En su formación fue fundamental la escritura de historias, los cuentos cómicos para la radio, a veces representados por ella misma. En esta línea, creó un personaje que poco a poco se fue haciendo muy popular en las ondas: Manolito Gafotas, un niño de un barrio obrero de Madrid, que sonaba a diario en la radio con guiones y la voz de su creadora; luego formó parte como guionista de la plantilla de una de las primeras televisiones privadas.

En 1993 decide dedicarse a escribir. Comienza con el libro “Manolito Gafotas” con el que se convertiría en gurú de la literatura infantil. A ese libro le seguirán otros cinco más: “Pobre Manolito”, “Cómo molo”, “Los trapos sucios”, “Manolito on the road” y “Yo y el Imbécil”, que han sido traducidos a más de 20 idiomas.

Pero ha sido en los últimos años de su carrera literaria cuando ha podido demostrarse que era una escritora con otros registros, con una voz más personal gracias a sus últimas novelas para adultos. En 1998 publica “El otro barrio”, que se lleva a la gran pantalla dirigida por Salvador García Ruiz. Ese mismo año comienza a publicar artículos de opinión que, recopilados en el volumen “Tinto de verano”, fueron el germen de un estilo literario tan personal como exitoso. Hasta que decidió que tenía que separarse de todo lo que había conseguido y publica obras como “Algo más inesperado que la muerte” (2002) y “Una palabra tuya” (2005).

Desea Elvira Lindo que le queden más libros por escribir, tener una vida serena, que a sus hijos les vaya bien y ayudarles en lo posible; espera estar tan viva siempre como ahora, divertirse, patear las calles, conservar a sus amigos, hacer amigos nuevos... Y además, está planeando una novela de suspense cómico, porque no siente que haya conseguido nada, porque le gusta vivir la vida como si le quedara toda por delante.

Si es así, hay que ver lo que le queda por vivir.




miércoles, 6 de octubre de 2010

LUIS, como siempre, ADELANTADO


En este momento la insistentemente recordada crisis económica planea como una sombra negra que lo cubre todo, justifica todo tipo de desdichas y no parece generar el contexto propicio en el por otro lado siempre difícil mundo del arte de vanguardia. Las galerías de arte que han tenido que luchar siempre para conseguir atraer al público y seducir a coleccionistas y compradores, han visto caer todavía más sus ventas, si es que eso era posible y en el peor de los casos han desaparecido, como ha sido el caso de algunos espacios emblemáticos de nuestra comunidad.

Sin embargo, el valenciano Luis Adelantado continúa sorprendiéndonos en su galería de seis plantas del centro histórico de Valencia. Tras mantener abierto en Miami durante cinco años uno de los pocos espacios en el exterior de un galerista español, inauguró a finales de 2009 un nuevo espacio en México, D.F. con una superficie de 1500 metros cuadrados en el que además de la programación habitual de la galería existe una zona de creación in situ, se organizan conferencias y otras actividades culturales.

Y como ya viene siendo habitual cada año su galería de Valencia vuelve a abrir sus puertas a los nuevos talentos internacionales en la exposición colectiva de los finalistas de la décimo segunda “Convocatoria Internacional de jóvenes artistas”, en la que se muestran 24 de los 583 porfolios presentados, la mayoría de creadores europeos y latinoamericanos de entre 24 y 36 años.

En la edición de este año destaca la presencia de españoles y mexicanos, muchos de ellos promesas que seguramente se confirmarán a medio plazo, pero también es remarcable la participación de creadores emergentes con ganas de sorprender que ya gozan de una trayectoria artística destacada con presencia en algunas de las grandes citas internacionales del arte de vanguardia.

Las obras presentadas abarcan muy diversas disciplinas con el fin de establecer lazos que fomenten las influencias recíprocas y posibilitando que presenten sus propuestas en un ámbito profesional que componen un corpus de ideas y preocupaciones contemporáneas: Nicolás Bacal deudor de la poética del objeto, utiliza una cinta métrica industrial para recrear una suerte de sol; las provocadoras Kimberly Clark presentan Swang song, una mujer-maniquí a tamaño real con los brazos abiertos apoyada sobre una pila de cervezas; Jorge de la Garza y sus pequeños collages de fragmentos de ilustraciones antiguas; Javier Fresneda y sus objetos híbridos; Carlos García Peláez con sus sutiles y elaboradas pinturas circulares; Patricio Gil Flood con postales y hojas de libro intervenidas con texto que oculta o amplían el significado; Ismael Lagares y sus vibrantes y coloristas pinturas; Oliviere Larivière con sus telas de escenas perturbadoras y Omero Leyva, deudor de Pettibon y el surrealismo mágico con sus dibujos en blanco y negro.

Además, Sifis Lykakis muestra papeles saturados de grafito y su juego con la luz en forma de fuego; Alejandro Martín Torrado expone sus pinturas de vistas aéreas de metrópolis orgánicas, David Miranda presenta un “homenaje” a la bandera que continua sus reflexiones en torno a la identidad social; las pinturas del alemán Daniel Mohr con sus estudios sobre el paisaje; Guillermo Mora recrea trampas con materiales pictóricos devenidos esculturas; Ramiro Oller y sus acrílicos geométricos multicolores que nos incitan a su combinación infinita en el espacio y Germán Portal y sus acuarelas que materializan la intimidad de cada rincón de su estudio; Alejandra Prieto y sus reproducciones en carbón de accesorios de moda.

También encontramos el trabajo de Bernardino Sánchez Bayo, que nos acerca a la pintura hiperrealista con trazos místicos; Rodrigo Sastre que contextualiza su pasión por el comic clásico de culto sobre hojas de libros de historia del arte; los apocalípticos dibujos y videos del noruego Martin Skauen; Cristina Silván con sus piezas cinestésicas de acabados perfectos; Iris Van Dongen con sus impactantes y conocidos dibujos de gran formato que representan féminas que adquieren la dignidad de heroínas de una decadente modernidad; Laure Vigna cercana a la poética de lo infraleve con sus piezas mínimas de madera y finalmente, las videoinstalaciones performáticas de Mai Yamashita & Naoto Kobayashi de una gran carga poética.

Desde 1985 la galería de Luis Adelantado ha sido un proyecto abierto internacionalmente que funciona como un barómetro con capacidad para medir la orientación del arte contemporáneo global, con vocación para difundir el trabajo de jóvenes promesas y con la sensibilidad para ponerla a disposición de la creación colectiva. En la convocatoria de este año vuelve a demostrarnos que todo es posible, una visión por adelantado del arte que viene.


Fotografías:
1.- Carlos García Peláez; Kimberly Clark
2.- Ismael Lagares
3.- Sifis Lykakis
4.- Kimberly Clark; Iris Van Dongen

domingo, 3 de octubre de 2010

Manténgase a la espera


Voy a proponer un nuevo programa de televisión muy simple de producir. Dos concursantes deben lograr contactar por teléfono con una persona diferente. Uno de ellos tiene que conseguir hablar con una voz humana en una institución oficial. El otro debe decir “hola” a Mick Jagger, para lo cual debe localizarlo en alguna de sus mansiones repartidas por todo el mundo. Primero, claro está, tendrá que averiguar el teléfono de las mansiones, o en su defecto el número de su móvil personal.

Para el caso de la institución oficial no será preciso cambiarla en cada programa, valdrá siempre la misma, por ejemplo la Escuela Oficial de Idiomas de Castellón. Para el segundo caso sí que será necesario ir cambiando. Por ello se puede proponer, para empezar a Mick Jagger, como hemos dicho, y para los otros programas a Tina Turner, Barack Obama, el papa Benedicto XVI, Bill Gates, Lady Gaga, Stephen Hawking, David Beckham, o el príncipe heredero Naruhito de Japón. Por supuesto el reto está en saber si alguna vez será posible que el concursante consiga contactar con la institución oficial, y de ahí la intriga y la excitación en el espectador, que esperará (en vano) semana tras semana, un imposible.

La idea me surgió el viernes en el estreno en Castellón de Buried. Paul Conroy se despierta enterrado dentro de una caja de madera. Dispone de un teléfono móvil con poca batería en un lugar de baja cobertura y escaso oxígeno y tiene 90 minutos para reunir el rescate solicitado por los insurgentes que le han secuestrado. En caso contrario nadie va a acudir a sacarlo de allí. No hace falta contar más, pero imagínense cuál es uno de los principales problemas que va a encontrar en su tarea de vida o muerte.

¿Quién no ha necesitado llamar por teléfono para obtener una determinada información, o para darse de baja de una determinada prestación y se ha encontrado en la situación de no poder hacerlo? ¿Quién no se ha dado de bruces contra un servicio de atención telefónica atendido en casi todas las ocasiones por sistemas automatizados en los que un ordenador nos interroga acerca del motivo de nuestra llamada, solicitándonos un número de identidad o de abono a la compañía, antes de comunicarnos que esperemos y que la conversación va a ser grabada por nuestro interés si es que en algún momento termina la espera?.

¿Por qué resulta tan difícil conseguir la información que necesitamos al llamar a un lugar ya que sin excepción "las líneas están ocupadas" o porque en las opciones que la máquina nos da respecto "al motivo de la llamada" no aparece la nuestra? ¿Por qué es absolutamente imposible mantener una conversación con alguien del que puedas esperar una respuesta "concreta" al problema que estás planteando?.

De todos modos a veces es peor cuando finalmente logramos hablar con un teleoperador. Porque en ese caso es probable que entremos en un bucle sin salida en el que a pesar de explicar una y otra vez nuestro problema parece que no nos entienda ya que lo que para nosotros es tan obvio, al teleoperador le parece chino y como única solución nos plantea, con toda educación, que nos mantengamos a la espera mientras habla con un supervisor jefe. Luego, y sin excepción, la línea se corta.

Lo peor es que a veces sentimos que nos va la vida en ello. Como a Paul Conroy.