domingo, 30 de enero de 2011

Alicia en el Tanned Tin


Para cuando sonaban los primeros acordes de The Wanderer, Alicia ya había cruzado el cristal. Comenzaba a retozar por Arlington Gardens y se paró ante el número 49, donde Nick salió a su encuentro y le llevó con mucha prisa, como si le faltara el tiempo, al Pont Mirabeau. Allí le habló, algo premonitoriamente, de una pesadilla; la de J.B.Stanislas, con la que cerró los ojos por primera vez. Cuando los volvió a abrir, el Sena bajo el Pont Mirabeau se había convertido en las Ramblas y un bigotudo Sr. Umbert Umbert, sentado en un tejado del cercano Raval, contaba cien historias de ancianos algo fanfarrones, niños maricas alzando el vuelo en salas de fiesta y de otros tantos hombres, ni uno más. El bigotudo Umbert desapareció poco después susurrando un "cocotín, cocotán" que dejó a Alicia pensativa. "La verdad es que me da igual"- concluyó tras darle unas cuantas vueltas al asunto.



Una nube de sosiego transportó a Alicia hacia el oeste. Tan al oeste como Portland, Oregón. En el bosque Dolorean recorrió colinas negras llenas de oro y comenzó a ser consciente de la ensoñación en la que estaba viviendo. Las cuestas subían y bajaban interminables mientras las hojas de los árboles susurraban a su oído sus ansias de encontrar el amor. Viajó saltando de copa en copa sin ningún esfuerzo hasta Seattle, donde Arthur y Yu la liberaron de la ansiedad que para entonces Alicia estaba acumulando. Para no tomarse muy en serio su extraño viaje la metieron en un tren expreso hacia la costa este hasta desembocar en New York City. Jeffrey y Peter le dieron una buena lección entre surrealista y folclórica de la esencia de la Revolución Francesa, le mostraron una gigantesca colección de chapas, e incluso revivieron con ella las 20000 leguas de viaje submarino de Julio Verne. Se sintió reconfortada ante el talento de este sombrerero loco llamado Peter, y contenta de haber sido invitada a esta especie de fiesta de feliz no-cumpleaños. Por eso le resultó alagador cuando le hicieron participar del festín canturreando el "oh, so bad" de una desatada melodía que hablaba de un nazi enfundado en cuero que ella no acabó de entender, aunque estaba segura de que no dejaba a su protagonista en muy buen lugar.



Pero como todo viaje iniciático, Alicia estaba a punto de descubrir la otra cara de la moneda. El jolgorio y la fiesta de Jeffrey y Peter desapareció bruscamente y de la oscuridad surgió un despliegue de artilugios cual armamento de un ejército frío como el hielo, capitaneado por un tipo que daba órdenes desde lo alto de su tanqueta a su única subalterna, quien las cumplía con inusitada obediencia. Alicia ya no era Alicia, su percepción se había alterado de tal manera que su piel parecía de estaño, su voz enlatada y su corazón latía a mil revoluciones por minuto. El capitán Xiu Xiu, ataviado con una casaca con el lema "Oh God, I hate myself" estampado con caracteres eduardianos, pronunciaba soflamas a la muerte gris mientras contoneaba su cuerpo con movimientos espasmódicos. Por todo ello, Alicia -que ya no era Alicia- no se sintió cómoda a pesar de que el capitán le ofreciera un trozo de chocolate mientras le prometía felicidad con su sonrisa helada. Pronto comprobó que tal escena no era más que la antesala del encuentro con su majestad la reina de corazones.


En este caso, no una reina, sino un triángulo de amor bizarro formado por cuatro cabezas, cuatro monarcas con armas tan potentes que los tímpanos de la pobre no-Alicia no podían casi resistir. Ante semejante aluvión de proyectiles criptocráticos e himnos a las balas, el ser que ya no era Alicia pensó que este descenso a los infiernos había acabado cuando el cuarteto bizarro la abandonó dejando sus armas en marcha en el suelo a la espera de que la falta de munición las desactivara, cosa que tardó en ocurrir.


Pero estaba equivocada. La penumbra continuó y en seguida se halló en la factoría Faust. Entre las chispas que las radiales hacían saltar de las planchas de hierro y el sonido metálico y estridente de las máquinas taladradoras, nuestro personaje sin nombre cerraba una vez más los ojos y se dejaba llevar por el sueño pesado hacia otra pesadilla distinta a la de J.B.Stanislas. "C'est com... com... compliqué"- le susurró Nick, su conejo apresurado de Arlington Gardens.


¡Alfredo, despierta! Son las cuatro de la madrugada. La noche es fría. Tranquilo, es sólo música.
El festival Tanned Tin se celebró en Castellón del 27 al 29 de enero de 2011.
El artículo se inspira en las actuaciones que tuvieron lugar en el Teatro Principal de Castellón el día 29 de enero. 

Foto superior: Portada del disco The Unfazed, de Dolorean, obra de Alec Soth

miércoles, 26 de enero de 2011

Sólo el cambio es eterno


Como los libros, también algunos amigos escogidos salen a tu encuentro; y ahora, más que nunca, las redes sociales nos permiten entablar amistades con personas que en la mayoría de los casos viven a cientos de kilómetros de nosotros y que no hubiésemos podido descubrir de otro modo, a pesar de compartir intereses, aficiones o inquietudes que nos unen como si nos conociésemos de toda la vida.

Hablo con ellos estos días acerca de la idea de que con los años llega la edad de la reflexión, el momento en el que se mira lo que queda por vivir, porque sólo nos acompañan las heridas acumuladas al esfumarse todo aquello en lo que soñamos. Es entonces, al pensar si todavía queda algún sueño que se pueda realizar, cuando uno se detiene a mirarse, a preguntarse si con lo que queda de uno mismo se puede seguir construyendo a la persona que un día quisimos ser, si resistirá, si vale la pena.

Pues parece ser que sí que la merece. O al menos eso es lo que se deduce al conocer el testimonio de personas como Martha Graham, la mítica bailarina y coreógrafa estadounidense, reconocida como la iniciadora de la danza moderna.

Graham, que estuvo trabajando hasta que en 1991 murió por causas naturales a los 96 años, afirmó en la última entrevista que concedió poco tiempo antes de su fallecimiento, que nunca pensaba en las cosas que hizo, sino solo en las que quería, en las que todavía no había hecho.

Los que tuvieron la oportunidad de estar con ella en España, con motivo de una de las giras de su compañía, la vieron asombrosamente lúcida a sus 92 años, trascendiendo cualquier previsión biológica, con una memoria capaz de revivir, siempre con incisivo humor neoyorquino, escenas que ya eran historia; con la capacidad de conseguir imantar a toda la audiencia con un verbo lúcido, preciso y casi mordaz. "Sólo el cambio es eterno", fue una de sus primeras frases, demostrando estar al día, al hablar de computadoras y avances tecnológicos.

Que la vida y el paso de los años nos cambian nadie lo pone en duda. El problema es cuando no nos queremos dar cuenta de eso. Pero para ello tenemos el ejemplo de los que no se paran, de los que se salen de los caminos establecidos. Y aunque no es necesario que seamos como Martha Graham, simplemente hay que saber utilizar las herramientas que la vida pone a nuestra disposición para adaptarnos a sus cambios. Si logramos hacerlo ya no habrá marcha atrás.

miércoles, 19 de enero de 2011

Eva futura


No podemos decir que una imagen tan despojada de rodeos como la “Eva Futura” de Álex Francés sea una obra complaciente, sino descarnadamente realista y completamente ajena al tradicional estándar de belleza. Al igual que en el trabajo del japonés Manabu Yamanaka su mirada percibe el lado menos obvio de la belleza para detenerse en otro aspecto, el de la dignidad que acompaña al hombre hasta el fin de su vida.

En el trabajo de ambos artistas una mujer de edad muy avanzada, de pie, fotografiada en blanco y negro, aparece desnuda frontalmente, sin ocultar nada, ante un fondo completamente neutro desprovisto de cualquier adorno. Sin embargo, es curioso que tras la primera reacción de sorpresa o rechazo que nos provoca ver esta imagen, descubramos la empatía que nos produce la visión de la fragilidad. Y quizás, inmediatamente después, el fastidio –íntimamente unido a la conciencia irrevocable de que estamos viéndonos a nosotros mismos en el futuro– en el hipotético caso de ser afortunados y vivir mucho tiempo.

Tratamos de eludir ver la representación de la propia impermanencia, del propio deterioro, de la propia imagen previa al adiós definitivo. Y aunque nada de lo que vemos en "Eva Futura" es visto con naturalidad, la realidad es que todo lo que vemos es natural. Deseamos ver hermosura, juventud, armonía, salud. Deseamos que nos ayuden a mantener la ilusión. Pero Álex, como Manabu, en cambio, nos muestran la realidad… Tal vez nos estén ofreciendo una oportunidad. La de ver las cosas simplemente como son, sin asustarnos.

Un amigo me dice que el vacío avanza y crece a nuestro lado, que no hay que privarse de todos los sueños y amores que se puedan tener, porque el tiempo pasa volando, porque tomamos consciencia de la vida y empezamos a sentir la angustia de la rapidez con la que pasan los años y entonces la única manera posible de vivir es con la conciencia del dolor, de que todos compartimos el mismo destino de vivir nuestras vidas con el miedo a envejecer y morir. Para mí fue inevitable recordarlo tras encontrarme de nuevo hace unos días con Ana María Matute. Una mujer que a pesar de estar en lo más alto que las letras hispanas han concedido estar a ninguna otra mujer, tiene el rostro desdoblado entre lo que ella es y la orografía impuesta por la vida. "El sufrimiento me ha marcado la cara, pero también la risa me ha dejado arrugas", afirma. Porque la vida es para la escritora una equivocación maravillosa en la que siempre hay belleza.

Esta tarde, en el incomparable marco del Teatro Principal de Castellón, hemos tenido la oportunidad de comprobarlo gracias a la Fundación Caja Castellón.



Arriba: Álex Francés, "Eva futura 2". Fotografía B/N, 2003. 120 x 80 cm.
Abajo: Manabu Yamanaka, "Gyathei, 14 y 16". Fotografía B/N, 1995. 80 x 172,7 cm.

domingo, 16 de enero de 2011

Ana María Matute: Literatura, literatura y literatura


Ana María Matute (Barcelona, 26 de julio de 1925), considerada unánimemente una de las voces más personales de la literatura española del siglo XX por la calidad y originalidad de su obra, así como la mejor novelista de la posguerra española, viene de nuevo este miércoles a la Fundación Caja Castellón para participar en el ciclo de charlas-coloquio “Condición Literal”. Su intervención, que como no podía ser de otro modo, responde al título de “Literatura, literatura y literatura” tendrá lugar excepcionalmente en el marco del Teatro Principal de Castellón.

La vida de Ana María Matute nunca ha sido fácil, ni en la niñez, carente de cariño, ni en la plenitud de la edad, cuando era una mujer triunfante cuyo nombre llegó a barajarse para el Premio Nobel. A la condición de mujer pionera de la literatura justo en unos tiempos en los que el mundo literario y editorial era propiedad de los hombres, hay que añadir graves problemas personales, pérdidas y depresiones que la silenciaron durante años. “El sufrimiento enseña”, afirmó, “pero sólo si sobrevives; porque lo malo es que el sufrimiento suele matar”. Ella supo sobrevivir, y ha renacido ahora de las cenizas. La inocencia que hoy exhibe es un logro de la voluntad, una reconquista para una escritora de éxito y prestigio.


Ana María Matute

Ana María fue la segunda de cinco hijos de una familia perteneciente a la pequeña burguesía catalana, conservadora y religiosa. Durante su niñez vivió un tiempo considerable en Madrid, aunque curiosamente muy pocas de sus historias hablen sobre sus experiencias vividas en la capital de España. Posiblemente porque a los cuatro años, al caer gravemente enferma, fue a vivir con sus abuelos a Mansilla de la Sierra, un pequeño pueblo en las montañas riojanas cuyas gentes, en palabras de la propia Matute, le influenciarían profundamente, como queda evidente en Historias de la Artámila de 1961.

A los diez años comenzó la Guerra Civil Española. La violencia, el odio, la muerte, la miseria, la angustia y la extrema pobreza que siguieron a este conflicto bélico marcaron hondamente su persona y su narrativa. La de Matute es la infancia de una niña robada y marcada por el trauma de la guerra, por las consecuencias psicológicas del conflicto y de la posguerra. Así lo podemos ver reflejado en sus primeras obras literarias centradas en los "los niños asombrados que veían y, muy a pesar suyo, tenían que entender los sinsentidos que les rodeaban”.

Escribe su primera novela Pequeño Teatro a los 17 años de edad, pero fue publicada 11 años más tarde. Desde finales de los años cuarenta y durante los cincuenta y sesenta, Matute fue una prolífica escritora y además, muy premiada. Sus novelas y relatos como Los Abel (1948), Fiesta al noroeste (1952), Los hijos muertos (1958) y Primera memoria (1959) guardaban una crítica soterrada hacia el franquismo. A pesar ello, ganó el Premio Nadal, el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa. La única que no pasó la censura fue la novela Luciérnagas (1949), que no llegó a las librerías hasta 1993.

En los setenta, después de publicar La torre vigía, dejó de escribir. En 1963 se había separado de su marido, Ramón Eugenio de Goicoechea, y debido a las leyes franquistas perdió la custodia de su hijo, lo que le provocó problemas emocionales.

En 1976 fue propuesta para el Premio Nobel de Literatura. Después de varios años de gran silencio narrativo, en 1984 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil con la obra Sólo un pie descalzo. En 1996 publica Olvidado Rey Gudú, es elegida académica de la Real Academia Española de la Lengua donde ocupa el asiento K y se convierte en la tercera mujer aceptada dentro de ésta en los últimos 300 años. En 2010 fue distinguida con el Premio Cervantes, el más importante galardón de las letras en español.

Afirma la escritora Juana Salabert que “a veces, muy pocas, ocurre que llegamos a amar a un autor tanto como a sus textos”. Por su parte Onetti dice que “hay mujeres que nunca terminan de matar a la muchacha que llevan dentro”. Y ella, Ana María Matute, grande entre los grandes en el país de las palabras y uno de los seres más inteligentes, divertidos y entrañables que nos han sido dados a conocer, se ha salvado del maleficio de la edad y de cualquier clase de engolamiento, sin duda porque no ha perdido nunca su inmensa capacidad de curiosidad. Tal vez por eso, sus personajes, a lo largo y ancho de una espléndida obra sin fisuras, operándose entre la falsa dicotomía de lo fantástico y lo real, son a veces videntes pese a sí mismos, como uno es siempre escritor contra, y a favor de sí mimo, en un intento reiterado en cada libro de ganarle la partida a la temida palabra fin.


viernes, 14 de enero de 2011

Artistas para un pie de página


Es motivo de profunda controversia en las comidas familiares qué es o no arte, qué es o no susceptible de ser exhibido en medio de una plaza pública para disfrute de unos o castigo de otros. La suerte es que en mi batalla desigual siento que mis fieles aliados en esta particular causa se encuentran entre las filas del sector más joven de los comensales. Por eso, en la última comida de Navidad, y cómo no podía ser de otra forma más acertada, me regalaron un libro en forma de larguísima entrevista a Charles Saatchi, considerado uno de los principales impulsores de la modernidad. Tras fundar en 1970 Saatchi & Saatchi, que se convertiría en la mayor agencia de publicidad del mundo, empezó a coleccionar arte hasta llegar a convertirse en el coleccionista más influyente de nuestro tiempo, modelando vigorosamente la escena del arte contemporáneo. De hecho su nueva Galería situada en King’s Road de Londres es uno de los mayores escaparates del panorama artístico de hoy en día.

Si, como afirma Saatchi, arte es todo lo que un artista decide que lo es, el dilema será saber quién o qué hace que alguien pueda ser considerado artista. Y aunque es cierto que por mucho que ciertos artistas que inicialmente reciben grandes elogios acaban por desaparecer sin más poco tiempo después, también lo es el hecho de que los manuales de arte de dentro de un siglo serán tan despiadados a la hora de editar el arte del principio del siglo XXI como lo son con casi el resto de los siglos y como mucho algunos de estos artistas que ahora consideramos iconos encumbrados como para ser merecedores de absolutamente todos los encargos llegarán a ser, con suerte, una simple nota a pie de página en los manuales de historia del arte –local-, lo cual no deja de ser un consuelo. Un consuelo a largo plazo del que no podremos disfrutar, pero un consuelo al fin.

Es cierto que podríamos ir a algunos de los templos de la cultura, del arte y la modernidad de nuestras ciudades para conocer o descubrir a los que realmente pueden ser considerados creadores de arte. Pero no deja de ser menos verdad que algunos de estos lugares se conforman con repetir sistemáticamente su “día de la marmota” satisfaciendo las expectativas de su particular grupo de feligreses cortados todos y sin excepción por el mismo patrón. ¿Quién no se ha sentido deprimido al entrar en uno de estos lugares que más que recibirnos con sus brazos abiertos nos disuaden de ir a ver sus exposiciones carentes de emoción y alma, en las que no encontramos el interés porque lucen su profunda impenetrabilidad como una insignia de honor, arruinando todos los esfuerzos encaminados a animar a que más ciudadanos sean sensibles al nuevo arte?

También afirma Saatchi que cuanto más te gusta el arte, más arte te gusta. Pero, en general el talento escasea tanto que es más fácil que la mediocridad se confunda con la genialidad que lograr que el genio no pase desapercibido. Obvio. Los ejemplos a nuestro alrededor son de una evidencia avasalladora que resulta ya empalagosa.

Por eso nunca mejor que la Navidad, lo más parecido que hay hoy en día de las bacanales, para recordarlo. Quizá sea que ya he visto demasiados ninots de falla no fungibles que aunque al principio me hacían gracia ahora ya no palpitan con el esplendor etéreo que para mí nunca tuvieron. O igual es que nunca he entendido el milagro creativo que supuestamente albergan.

El arte sirve para evitar que nuestros globos oculares se derritan por culpa de toda la basura que vemos alegremente el resto del tiempo. ¿Y si resulta que lo que me pasa es que tengo cataratas?



Imagen superior: Real Special Very Painting, Barry Reigate.
Imagen Inferior: Your Body, Xiang Jing.


miércoles, 12 de enero de 2011

El cocinero fiel


Que una publicación de referencia como la revista americana Wired, que trata de reflejar la manera en que la tecnología afecta a la cultura, a la educación, a la economía y a la política, afirme que vamos tan deprisa que hasta las páginas web se está muriendo a favor de la redes sociales como YouTube, Facebook, o Twitter, tampoco es algo que a estas alturas resulte demasiado sorprendente.

Lo que sí es curioso es que mientras todo esto ocurre son muchos los que se quedan inevitablemente fuera de esta tendencia, personas y empresas que todavía no han entendido la importancia de las redes sociales en los negocios y en las relaciones humanas; que no son capaces de percibir cómo modifican en gran medida también nuestra manera de comportarnos y relacionarnos.

No es ese, evidentemente, el caso de Txaber Allué, consultor de alta dirección freelance, profesor de la Universidad de Tarragona, y sobre todo un maestro de la web social, como demuestra el hecho de que sea el autor del videoblog de cocina más popular de España: "El Cocinero Fiel", premiado de manos de Ferrán Adrià.

Txaber empezó grabando un vídeo casero de cocina y ha acabado convirtiéndose en uno de los referentes videogastronómicos de Internet, gracias a su estilo desenfadado y cercano, la sencillez de sus recetas, que explica paso a paso en sus vídeos y la interactividad que ofrecen las redes sociales, a través de las cuales todos sus seguidores comparten experiencias, trucos y variaciones de las recetas preparadas: todo un mundo de diversión y aprendizaje en torno a la cocina. Recetas sencillas, personales y fáciles de hacer, muy adecuadas para quienes empiecen a aficionarse a la cocina.

A Txaber le gustó la película “El Jardinero Fiel” y, además, quería ser fiel a un compromiso: subir una receta semanal; de ahí surgió su blog. Se trata de una fórmula de tan solo tres años de vida para enseñar y aprender a cocinar que realmente funciona en el que nos ha demostrado a través de su “hobby” en Youtube, Facebook o Twitter lo que para casi todas las grandes empresas es una asignatura pendiente: la necesidad de un cambio radical del paradigma de comunicación, más social y más digital. De hecho, a través de su blog y otras redes sociales llega a miles de usuarios puesto que su página ha superado ya los 6 millones de visitas, tiene 180 vídeos con más de 7 millones de visionados en Youtube, más de 3.000 amigos y 6.000 admiradores en Facebook y más de 1.500 seguidores en Twitter. Y como curiosidad, destacar que su receta de la tortilla de patata ha recibido ya más de 350.000 visitas.

El éxito sin precedentes de este blog ha pasado al formato papel a través de la publicación de un libro en el que recoge sus recetas más exitosas junto a trucos y comentarios de los internautas que se han apuntado a la filosofía pegadiza de “aprender a cocinar todos de todos” gracias a recetas que se pueden realizar en casa sin necesidad de técnicas o equipos sofisticados.

Para Txaber Internet es clave como herramienta para la difusión de los recetarios. En su opinión, la cantidad de gente que está subiendo sus recetas es increíble y eso va a perdurar. Y aunque en el campo profesional cree que todavía queda mucho para desarrollar todo su potencial, señala que hace poco, en un informe sobre la llamada 2.0 publicado por The Economist, una prestigiosa revista internacional, cuando hablaba de oportunidades para PYMES, el ejemplo que ponía eran restaurantes, cafeterías y panaderías.

Respecto al futuro tiene claro que seguirá probando cosas nuevas. Entre ellas empezar a visitar y hacer vídeos de productores, como agricultores y ganaderos. Pero antes pasará por el Edificio Hucha de la Fundación Caja Castellón el próximo jueves, 13 de enero de 2011, a las 19.30 horas, en el marco del ciclo de conferencias-coloquio “De Razones y Hombres”.


sábado, 8 de enero de 2011

Es que...


Este blog nació hace aproximadamente un año como respuesta a una monumental, gigantesca y dolorosísima frustración. Los que lo hayan seguido habrán podido observar que no soy persona de tibiezas en las cosas de las emociones, si algo me gusta lo hace hasta embriagarme y cuando algo me disgusta no hay pócima posible que me haga cambiar de opinión ni estado. Y en los momentos de melancolía y abatimiento que me sume el fracaso no hay vino capaz de enjuagar mi alma hasta el fondo para asegurar la curación de la tristeza.

Pero probablemente Eric G. Wilson tenía toda la razón, al menos por lo que a mí respecta, al afirmar en Contra la felicidad que la melancolía es necesaria para cualquier cultura próspera, la musa de la buena literatura, de la pintura, de la música y la innovación. De hecho sostiene que el cavernícola melancólico y retraído que se quedaba atrás y meditaba, mientras sus felices y musculosos compañeros cazaban la cena, fue quien hizo avanzar la cultura. Así que no más Prozac en nuestros cerebros, aceptemos nuestro lado depresivo como motor de creatividad y tomémonos la melancolía como lo que es: una fuerza vital.

Sabrán los que hayan leído el blog que fue precisamente el inglés la principal razón de mis tribulaciones, tras un año intensivo de clases y academias, inmersiones lingüísticas y manuales de sintaxis y gramática, tras haber leído en inglés el repertorio entero de la literatura infantil de todos los tiempos, he dado el triple salto mortal hacia el cine en inglés en versión original. Anoche, día de la semana dedicado al cine de animación, llegó el turno de Up: Una aventura de altura.

En Up, Carl Fredricksen, un ex-vendedor de globos, logra a los 78 años de edad hacer realidad el objetivo que se había marcado en su infancia junto a Ellie, la chica con la que acabará casándose con el paso del tiempo. Desde pequeña Ellie soñó con explorar Sudamérica y conocer "Paradise Falls", pero falleció sin que pudiera haber tenido la oportunidad. Ahora, cuando amenazan con demoler la casa de los Fredericksen Carl decide cumplir su promesa, porque ya no hay “es que” que valgan. Para ello hace volar su casa, atándole miles de globos de helio para llegar al lugar al que su esposa siempre quiso siempre ir.

Pues bien, tras este annus resilientis vuelvo a enfrentarme de nuevo al mismo reto de hace un año sin saber de qué parte la diosa fortuna decantará su balanza. Es sabido que hay que obstinarse si la suerte se nos resiste porque no simpatiza con los que quieren dominarla. Pero, si como decía Schiller, la voluntad es la que hace al hombre grande o pequeño porque carecer de ella causa más daño que la falta de inteligencia; si es cierto que nada hay imposible con voluntad suficiente, porque con ella contaremos siempre con suficientes medios; y si también es acertado pensar, como decía Confucio, que a un hombre se le puede quitar todo pero no su voluntad, porque lo que cuesta desalentarlo es la medida de su valía… en ese caso, esto está hecho.


miércoles, 5 de enero de 2011

Home

No es necesario ir a una de las zonas deforestadas del Amazonas o a visitar los glaciares en retirada de la cumbre del Kilimanjaro para darnos cuenta del abusivo y ya insostenible estrés al que sometemos al Planeta. Es mucho más simple. Tan solo hay que darse una vuelta por alguna de las céntricas calles de nuestras ciudades para ver cómo gigantescos establecimientos comerciales mantienen climatizados sus locales en invierno y verano a pesar de no tener puerta alguna que impida que la temperatura se escape libremente; con baños cuyas cisternas parecen las compuertas de la presa de las Tres Gargantas y oficinas en las que la temperatura en verano más que refrescar criogeniza los pensamientos. Circunstancias que, además de ser ecológicamente hablando un insulto a la inteligencia humana, no parecen alamar a nadie, ni siquiera aunque fuese por las consecuencias económicas que tal despilfarro acarrea.

El peso científico de los que niegan el cambio climático afortunadamente cada vez es más irrelevante. Sin embargo, la lucha contra el calentamiento del planeta es uno de los grandes retos que tiene planteados la humanidad en el siglo XXI. Un reto cuya solución implica aunar esfuerzos en diversos frentes. El primer paso es asumir que realmente tenemos un problema y una vez dado, afrontarlo en toda su magnitud global.


Por si quedase algún escéptico YouTube nos ofrece la posibilidad de ver gratuitamente Home, un documental dirigido por Yann Arthus-Bertrand, compuesto en su totalidad por vistas aéreas de diversos lugares alrededor del mundo. Muestra la diversidad de la vida en la Tierra y cómo las actividades humanas se han convertido en una amenaza para el equilibrio ecológico del planeta.

A partir de imágenes de grandes paisajes volcánicos, Home explica los orígenes de la evolución de las algas unicelulares presentes en los bordes de los muelles volcánicos. Se explica el papel esencial de estas algas en la evolución de la fotosíntesis, así como el hecho de que una inmensa cantidad de especies de plantas se originan a partir de este organismo unicelular.

Desde aquí el documental adquiere un enfoque centrado en las actividades humanas, y muestra la revolución agrícola y sus repercusiones antes de pasar a reflexionar sobre el aprovechamiento del petróleo, la industria, las ciudades y la desigualdad como nunca antes se ha vivido. Se retrata la dura situación actual de los criaderos de ganado, la deforestación, la alimentación y la escasez de agua potable, la crisis de sobre-explotación de canteras y la escasez de energía. Ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Tokio, Jaipur y Dubái en particular, son un ejemplo para mostrar la mala gestión y despilfarro de la energía, el agua y los alimentos. La recesión de los glaciares y los pantanos quedan reflejados gracias a vistas aéreas de la Antártida, el Polo Norte y África, mientras se prevén migraciones masivas de refugiados ante una catástrofe medioambiental.

Es en este punto cuando el documental se centra en el calentamiento global. Home muestra cómo el deshielo de los glaciares, el aumento del nivel del mar y los cambios en el clima están causando estragos en las personas que tienen menos que ver con este tema, pero también la forma en que muy pronto se verán afectadas las zonas densamente pobladas.

El documental no sólo muestra las terribles verdades con respecto a nuestro impacto sobre la Tierra, sino también lo que estamos haciendo ahora para luchar contra ello: las energías renovables, la creación de más y más parques nacionales, la cooperación internacional sobre temas ambientales, la educación y la reforma que ha habido en todo el mundo en respuesta a los problemas actuales que enfrenta la Tierra.

La Tierra que habitamos grita y debemos poner fin a la inacción y los discursos vacíos. Es necesario escuchar ese grito y afrontar el desafío ecológico que nos plantea. Debemos comprender que todos tenemos responsabilidad y que todos podemos actuar porque el futuro del planeta y de nosotros mismos depende de que seamos capaces de tomar las decisiones a tiempo que nos permitan conservar y reconquista la Tierra de promisión en que habitamos antes de ser expulsados del único paraíso conocido.