miércoles, 24 de agosto de 2011

El carácter es el destino


Existe la creencia entre los brahmanes indios de que en el otro mundo los hombres serán comidos por todo lo que han comido aquí. Que serán troceados y devorados por los corderos, las aves y las plantas que en la tierra les sirvieron de alimento. Pero a los artistas se les reserva un suplicio especial. Porque serán devorados por las obras que no concluyeron, por las obras que sólo soñaron, por las obras que murieron en un boceto sobre la mesa.

Por eso, Lolo Rico teme ser devorada por las múltiples ideas que se han quedado en nada por no tener la voluntad o la paciencia de plasmarlas, por la televisión que no grabó, por el cine que no filmó y por los libros que no escribió. Y pronostica para ella misma un duro infierno, a pesar de haber trampeado con la vida; a pesar de que nunca ha perjudicado a nadie; a pesar de no haber quitado dinero, empleo, marido, ni jamás haber dañado el buen nombre de quien lo merecía; a pesar de no haber adulado al poderoso, ni despreciado al desposeído; a pesar de no haberse vendido, ni admitido jamás, dinero que no fuera el pago justo a su trabajo; a pesar de no haber cambiado, tampoco, de chaqueta.

Viene a colación tras leer sus memorias ¿Cómo es posible que el tiempo pase tan deprisa y yo no me dé cuenta?, la autobiografía de una mujer adelantada a su tiempo. Niña de posguerra, educada en el seno de una familia que pretendía a toda costa mantener un estatus que escapaba a sus posibilidades que, aunque tarde, acabó dándose cuenta del miedo de una sociedad acostubrada a callar, que no quería comprometerse, y menos correr riesgos. Perturbada por la idea de ser diferente aspiró a ser igual que todo el mundo. Pero se separó cuando los matrimonios no se separaban. Sacó adelante a sus siete hijos, mientras escribía por las noches. Y dirigió en televisión cuando no había mujeres que lo hicieran. Una crónica de la evolución de nuestra sociedad desde la grisura del franquismo hasta los efervescentes años 80. 

Afirma Lolo Rico que "un intelectual comprometido es siempre un disidente", y que para mantener la cordura se vio obligada a escoger entre los libros y la vida: "el mundo comenzó a resultarme hostil y tomé partido; las palabras de los libros, de mis libros, y de la gente, mi gente, no tenían por qué ser distintas". Toda una declaración de principios de la creadora de La bola de cristal, el inolvidable programa que dirigió en los años 80 que marcó un antes y después en la televisión pública. Y todo ello sin perder una imaginación que los adultos no suelen cultivar. 




martes, 23 de agosto de 2011

Jóvenes y protagonistas


Ninguna de las generaciones que han precedido a la de los jóvenes de hoy en día ha tenido el nivel de oferta cultural del que ahora disfruta. De hecho, nunca antes se ha podido acceder a tanta diversidad musical, audiovisual, literaria o deportiva, ni ha existido la posibilidad de compartirla. Porque los jóvenes  actuales además, son interactivos, están conectados.

Según el Instituto Nacional de la Juventud entre las actividades que los jóvenes consideran culturales se encuentra la música como espectáculo, ir al cine, jugar a los videojuegos e ir a bailar. A gran distancia de estas preferencias se encuentra la visita al teatro, la danza, ir a ver exposiciones, bibliotecas o a una librería.

Pero también es cierto que nuestros jóvenes no tienen nada que ver con el perfil de consumidores despreocupados e irresponsables que ha reflejado la inventiva popular. Y hay que reconocer también que son vistos como personas a las que, simplemente, hay que mantener entretenidas, sin tener una visión integral de lo que significa la participación y la expresión juvenil en la cultura.

Hace un tiempo comentábamos aquí que entre los jóvenes, más que entre los adultos, juega un papel esencial el elemento social a la hora de acudir a actividades de carácter cultural. Es decir, en muy pocas ocasiones un menor acudirá de manera individual a un servicio cultural y son los amigos, el colegio, pero sobre todo los padres los que delimitan el campo de acción de sus hábitos culturales. La cultura exige participación activa, colectiva y organizada de los actores que crean y recrean el quehacer cultural. Por eso, cuantos menos años se tengan en el momento del primer contacto con la cultura, determinará una mayor frecuencia de participación en el futuro. Son los padres, entre otros agentes, los responsables por tanto de la creación de un marco de referencia cultural para los menores con el objetivo de generar los futuros hábitos culturales de sus hijos, porque ver y verse, contar y contarse, es fundamental para construir cultura.

Con la llegada del nuevo curso escolar, la Fundación Caja Castellón-Bancaja amplía su oferta cultural para los más jóvenes con la programación, durante todo el mes de septiembre, de dos talleres gratuítos de tiempo libre: uno de cerámica, impartido por Rosa Cabezas, "La Tía Roseta", en el que podrán conocerse todos los detalles de la cerámica, llegando a modelar, esmaltar y cocer los trabajos en cerámica que realicen los participantes. Y otro de circo, impartido por La Troupe Malabó, una incursión divertida y amena en el "mayor espectáculo del mundo", donde los más jóvenes serán protagonistas, descubriendo habilidades que, posiblemente, nunca habían sospechado que serían capaces de realizar. Todo ello con el objetivo de potenciar y reforzar su psicomotricidad y despertar nuevas capacidades de escucha, expresión y comunicación.

En estas propuestas la Fundación Caja Castellón-Bancaja plantea la actividad artística como recurso y medio de enseñanza. Al tiempo, estimulan y desarrollan la percepción y el potencial creativo de los participantes a través de tradiciones populares y raíces culturales como son la cerámica o el circo. Y refuerzan la identidad colectiva, ya que integran valores como la cooperación y la estimulación de la participación, ampliando la visión desde lo individual al trabajo de equipo.

No son sólo talleres de entretenimiento, pues no podemos olvidar que el consumo cultural sirve para pensar, ni que los jóvenes, que representan el 12% de la población de nuestra provincia, suelen ser -aunque no exclusivamente- el principal motor de la capacidad innovadora de una sociedad. Y los jóvenes quieren ser adultos cuanto antes.

sábado, 20 de agosto de 2011

De Sherwood a Culla


Uno de los bosques más famosos de la historia es sin duda Sherwood, en el condado inglés de Nottinghamshire, en las East Midlands, y no por sus árboles, ni por su fauna, sino por el bandido proscrito, real o mítico, que se ocultó entre su follaje hace casi mil años: el famoso Robin Hood. Sus hazañas al luchar contra el malvado príncipe John y el Sheriff de Nottingham, su defensa de los desamparados al apoderarse de las riquezas de los poderosos para distribuirlas entre los pobres oprimidos y su burla a las impopulares autoridades del lugar, lo convirtieron en el principal héroe popular de su época.


Pero tras Robin, los grandes protagonistas del bosque son los robles. Árboles centenarios únicos con edades comprendidas entre los 600 y 800 años, de entre los que destaca el legendario Major Oak, de unos mil años, cerca de Edwinstowe, en el corazón del bosque. Uno de los cincuenta árboles del Reino Unido considerados Patrimonio Nacional que, aunque no es el de mayor grosor del país es, sin duda, el más famoso al estar rodeado por el folklore y la mística, que consideraba proféticos a los grandes árboles, símbolo de sabiduría y lugar de residencia para los espíritus del bosque. 

Hay varias teorías que explican por qué este árbol ha podido alcanzar un peso estimado de 23 toneladas, un grosor de 10 metros y una altura de 16 metros. Una de ellas es que es el resultado de la fusión de varios árboles jóvenes que crecieron juntos hasta formar el enorme roble. Otra teoría es que creció sin competencia alrededor, como consecuencia de la voluntad humana o que se salvase probablemente por su valor paisajístico y patrimonial. Y a esto habría que añadir las historias románticas de Robin Hood, pues cuenta la leyenda que se refugió escondido en su  interior, hueco a causa de los hongos, de sus enemigos. Un valor añadido para su preservación.

Major Oak empezó a ser conocido a partir de 1790 al ser descrito por el historiador local Hayman Rooke y, aunque siempre fue conocido por la población local, en la época victoriana se convirtió en un lugar muy popular. Hoy en día sigue dando cobijo a más de 32 especies de mamíferos, 68 de aves, 34 de mariposas, 271 especies de insectos, 168 especies de flores, 10 especies de helechos y 31 especies de hongos o líquenes, al tiempo que atrae a las multitudes, más de 600.000 personas de todo el mundo vienen a visitar al  gigante venerado cada año.

Los árboles son nuestros vecinos verdes más cercanos, y siempre hemos lamentado que desaparezcan, porque además de natural, también son patrimonio cultural. Albergan vida y resumen un proyecto concreto al unirse a las personas y a las vivencias que acumulan. Nosotros, de momento, nos vamos a ver el gran árbol de la provincia de Castellón: la carrasca de Culla. Un monumento vegetal de más de 500 años de antigüedad con sus casi 24 metros de altura, 7 metros de perímetro en el tronco y un peso estimado de 75 toneladas, probablemente la más grande de Europa.


jueves, 18 de agosto de 2011

Royals or servants?


Situada en el corazón de York, Fairfax House es una de las mejores casas georgianas inglesas del siglo XVIII, una cápsula del tiempo que revela los gustos, las modas, las costumbres y los hábitos de la buena sociedad la época.

Los Fairfax eran una familia de larga tradición católica de Yorkshire que habían permanecido leales a la "vieja fe" tras la Reforma. Y, aunque la residencia principal de la familia estaba en Gilling Castle, a 30 kilómetros al norte de York y tenía propiedades y casas de campo en todo el condado, esta residencia, creada por el vizconde de Fairfax en 1762 satisfacía las necesidades familiares de poder asistir a los acontecimientos sociales de la temporada de invierno de la ciudad. Pero también fue pensada como dote para Anne, la única superviviente de los nueve hijos que tuvo. En ese momento Anne había rechazado ya dos compromisos, y parece ser que su padre pensó que esta casa le ayudaría a crear una nueva vida entre las personas de su misma edad y la esperanza de que lograse un adecuado matrimonio. Sin embargo, este destino se vería truncado al permanecer Anne soltera toda su vida.

El vizconde recurrió al arquitecto más destacado de York, John Carr, para que crease el magnífico interior, que ha perdurado como testimonio de la combinación de talentos de este arquitecto y los artesanos, que ejecutaron los designios del aristócrata, ansioso por poder disipar cualquier duda respecto a su lealtad al rey, al país y a su adhesión a la fe católica.

Tras la muerte del vizconde en 1772 la casa tuvo una fortuna desigual, pasando de ser residencia privada a lugar para usos militares durante la Primera Guerra Mundial e incluso sala de baile y cine posteriormente. Pero en 1982 se inició el importante proyecto de restauración que ha permitido recobrar su apariencia original.

De todos modos, si algo destaca en la visita a esta casa, es la importancia que para sus inquilinos tenía evidenciar constantemente su estatus; el fuerte sentimiento de conciencia de clase y de prestigio social reflejado en sus comportamientos; el saberse beneficiarios y defensores de unas prerrogativas y derechos que la sociedad creaba y reconocía. Y es que Anne anuló su último compromiso de boda cuatro días antes de la fecha fijada al saber, por boca de su prometido, que durante esa semana tan solo había acudido a misa dos días y no todos como ella le recriminó. Inmediatamente, desairada, se fue a su habitación, y gracias a unas escaleras pudo acostarse en su cama, a casi metro y medio de altura.

Es inevitable preguntarse si no era peligroso caerse de allí, en cuyo caso el trágico desenlace estaba asegurado. Pues no. El riesgo era el peaje a asumir para dejar claro, incluso durmiendo, que ella, y solo ella, era la señora. El único modo para que, a pesar de estar tumbada, pudiese seguir mirando a sus sirvientes con toda la altivez que también ella, y nadie más que ella, podía permitirse. Aunque eso significase estar durmiendo allí arriba en las alturas, como si fuese la princesa del guisante.

¡Hay que ver cómo se las gastaban algunos!.


martes, 16 de agosto de 2011

What on earth is The Pansy Project?


Hay historias que dejan una profunda tristeza interior; que nos hacen ver el sinsentido de muchas cosas que ocurren. Pero hay algo que siempre puede ser de ayuda: la transparencia. La tras-apariencia, o la capacidad para ver más allá de las apariencias.

Es lo que hace el artista británico Paul Harfleet. Planta pensamientos -la flor del recuerdo- en lugares en los que se han realizado insultos homofóbicos como parte de discurso que pone en relación la psicología, la política, la práctica artística, el activismo, la jardinería de guerrilla y el arte urbano. 

En inglés, "pansy" tiene dos acepciones. Por un lado se refiere al pensamiento, la pequeña flor ornamental; pero por otro es la acepción despectiva para homosexual o afeminado. Con ello busca despertar conciencias, generar discusión y "pensamiento" sobre la homofobia, un comportamiento todavía arraigado en nuestra sociedad.  El proceso de la siembra, realizado generalmente sin autorización, tiene lugar rodeado de un aire de ceremonia y, para Harfleet, el interés del proyecto surge de la realización de ese acto ritual, y de la idea de que el público lo vea.

La iniciativa surgió tras un día de verano en el que Harfleet y su pareja sufrieron varios ataques verbales y físicos de carácter homofóbico, ataques a los que él, desgraciadamente, estaba ya acostumbrado. Tras estos episodios se dio cuenta de que los lugares en los que habían sucedido se convertían en testigos de esos hechos violentos y desagradables; calles que anteriormente no representaban para él absolutamente nada, se transformaban a partir de ese momento en escenarios a los que incomodaba regresar. Rememoró entonces los adornos de flores que los allegados a las víctimas de un accidente colocan en los arcenes de las carreteras o en las aceras de las ciudades, y se le ocurrió hacer algo parecido, solo que en lugar de depositar un ramo de flores decidió plantar una flor -un pensamiento-, en el lugar con tierra más cercano al lugar donde se cometió la agresión.

Tras plantar el pensamiento, Harfleet documenta su acción con una fotografía a la que titula con una frase que hace referencia a los insultos o agresiones que las víctimas recibieron en ese lugar, algunas de las cuales han acabado con el asesinato de la víctima, como es el caso del joven Michael Causer, que murió en Liverpool a causa de una brutal paliza. El resultado, como consecuencia del contraste entre la delicadeza de las flores y la violencia de las palabras, resulta sobrecogedor.

A primera vista sólo son pensamientos, pero cada pensamiento es distinto. Esa es la esencia, pensar de que aunque nos parecemos, somos diferentes unos de otros. Durante los últimos cinco años han sido plantados más de 10.000 pensamientos en el marco del proyecto Pansy. Pero, aunque siempre habrá quien le quite importancia a iniciativas como las de Harfleet, cuestionando su posible repercusión, también es cierto que lo importante es nuestra posición en la sociedad, los valores que representan nuestras acciones que, aunque a veces sean pequeñas, influyen enormemente en las personas que nos rodean. Y en ocasiones acaban creando una conciencia colectiva, porque ningún gesto es pequeño.





Foto de arriba: Iris Robinson, BBC en Belfast, en mayo de 2011. 
Fotos de abajo: Para Ben Whiterhouse, Birmingham, en noviembre 2009.
Para Michael Causer, asesinado Liverpool en 2008.
Sophie-Charlotten Platz U-Bahn, Berlín en 2008.




domingo, 7 de agosto de 2011

Brideshead: first visit


Ir a Dublín hace unos meses para estudiar inglés fue la oportunidad para visitar la Vieja pero impresionante Biblioteca del Trinity College y el sencillo pero emotivo Oscar Wilde Memorial. En la nueva inmersión estival, además del Present Perfect, la ocasión será Castle Howard, ir a Brideshead, y a diferencia de la magnífica serie, por primera vez.

Porque es en ese lugar increíble donde se desarrolla “Retorno a Brideshead”, la impecable adaptación de principios de los años 80 de la novela más conocida de Evelyn Waugh. Una serie en la que todo funciona perfectamente, desde la dirección de Charles Sturridge, hasta la música compuesta por Geoffrey Burgon, la fotografía, la adaptación, la ambientación y las interpretaciones de algunos de los mejores actores británicos del momento: Jeremy Irons, John Hurt, Derek Jacobi, John Gielguld, Alec Guiness o Laurence Olivier. Sin duda, uno de los mejores trabajos que se han realizado nunca para televisión.

Yo tenía 13 años cuando la vi y recuerdo que esperaba cada viernes hasta altas horas de la madrugada, sólo en casa mientras todos dormían, para ver cada uno de sus once capítulos. Finalmente la trama de aquella historia sobre la melancolía del declive de un estilo de vida era lo de menos para mí, porque  todo, incluso la música final de los créditos, me resultaba bello y evocador.

La serie muestra el flash-back más largo de la historia de la televisión. Durante la Segunda Guerra Mundial, el capitán Charles Ryder (Jeremy Irons) regresa con su compañía a la retaguardia en Inglaterra. Allí las tropas se alojan en el castillo de Brideshead, un lugar que el capitán frecuentó a menudo en el pasado. Recuerda entonces el tiempo en que siendo estudiante en Oxford traba amistad con Sebastian Flyte (Anthony Andrews) heredero de la rica familia católica y aristocrática propietaria del castillo, revive su ambigua relación con éste, sus amores infructuosos con Julia (Diana Quick) la hermana de Sebastian, y nos ofrece las claves de la decadencia familiar durante el periodo de entreguerras.

El equipo de producción buscó casas por toda Inglaterra hasta que encontraron una que tenía el estilo arquitectónico de la época, un ambiente católico con una exquisita capilla, elementos barrocos y una iconografía religiosa que dejaría al público con la boca abierta: el Castillo de Howard, una mansión situada en el condado de Yorkshire, a unos 40 kilómetros al norte de la ciudad de York. Destaca el espectacular vestíbulo con techos abovedados y los magníficos jardines con una fuente central que la convierten en una de las mejores residencias campestres de la aristocracia británica, tanto por su compleja y grandiosa arquitectura como por su rico contenido artístico y decorativo, que incluye cuadros de Canaletto, Annibale Carracci, Thomas Gainsborough y Johann Zoffany.

Ahora ya no veo la tele los viernes por la noche. En ese horario sólo hay culebrones y programas de cotilleo con gente ignorante de baja estofa pagada a precio de oro. Por ver “eso” yo “¡¡¡no mato!!!”.


jueves, 4 de agosto de 2011

De miedo


De pequeño me contaron que había una raza de payasos asesinos con cuchillos de cocina que te perseguían si cometías algún pecado. También me dijeron que si hacías una mueca en un lugar público, delante de otras personas, y alguna de ellas te daba un susto en ese momento, se te paralizaban los músculos y te quedabas, cual Joker, con la cara de mueca para toda la vida. Y no digamos si, en el colmo de la sofisticación y la supuesta rebeldía, lo hacías dándole vueltas a un paraguas dentro de la habitación. Entonces, además, te podía caer un rayo.

Por no hablar del monstruo del saco que vivía debajo de la cama. Pasé achicharrado la mayor parte de los veranos de mi infancia, tapado hasta el cuello a pesar de los inútiles empeños de mi madre de que no lo hiciese porque iba a pillar el sarampión de tanto sudar. ¿Y si salía de debajo de la cama? Lo peor de todo es que nunca se me ocurrió mirar por si estaba al acecho. De todos modos, ¿qué hubiese podido hacer si al asomarme lo hubiese visto allí?

También me contaron que cuando te salían manchas blancas en las uñas era una señal inequívoca de peligro. Si soplabas sobre ellas y la mancha se desplazaba hacia afuera del dedo era señal de que no iba a pasar nada malo. Pero como se desplazase hacia adentro, entonces, mal augurio era ese. Y aunque me pasé una larga temporada cortándolas cada vez un poco más para favorecer la salida de las dichosas manchitas blancas, la cuestión es que tampoco me pasó ninguna catástrofe especialmente destacable.

Unos años después, llegando a la pubertad, y cuando todas estas engañifas ya no me convencían, me vinieron con la historia de que a todos los chicos les nace un punto débil en el pecho, como la fontanela de los recién nacidos, en el que si te dan un golpe fuerte puedes morir de modo fulminante. Así que ya me iba con mucho cuidado de no chocar contra ninguna pared. Hasta que un día, influido por los vapores etílicos de una noche de descontrol adolescente, me la fui a dar de bruces contra todo el pecho. Me acosté todo recto con las manos cruzadas, como rezando, a esperar que la llegada de mi fatal destino me encontrase en la más elegante de las posturas. Y contra todo diagnóstico me dormí.

Los miedos nos acompañan. Es difícil entenderlos y por ello condicionan nuestro comportamiento. Aunque hay quien afirma que una cierta dosis es necesaria para evitar peligros, que cumplen incluso una función educativa, la realidad es que vamos creciendo en miedos, acumulándolos y viviendo gobernados por ellos, porque, por mucha seguridad que haya a nuestro alrededor, hemos acabado convertidos en personas asustadas. 

Ya se sabe, para quien tiene miedo todo son ruidos. Y, a pesar de que el miedo es el más ignorante, el más injurioso y el más cruel de los consejeros, un sufrimiento que produce la espera de un mal, la verdad es que nos dispone a ver las cosas, desde luego, muchísimo peor de lo que son. La cuestión, ahora, es que no le veo el beneficio por ninguna parte.


lunes, 1 de agosto de 2011

All is full of love


Volví al Pompidou para reencontrarme con las obras de algunos artistas clave del siglo XX. Lo que no imaginaba es que lo que más me iba a impactar sería el maravilloso video de Chris CunninghamAll is full of love”, de la polifacética artista islandesa Björk. De repente, lo expuesto allí dejó de interesarme y me dediqué a mirar, una y otra vez, hechizado, aquel video que, de hecho, es considerado una de las cimas en la creación audiovisual de las últimas décadas.


All is full of love” fue lanzado en junio de 1999 como el último de los cinco sencillos del álbum “Homogenic”, un trabajo que la autora quería agresivo y machista. Pero la canción en realidad muestra la necesidad de creer en el amor, no sólo entre dos personas, sino del amor en general, que está por todas partes. Recuperando la idea de la mitología islandesa, donde los dioses se vuelven violentos, el mundo estalla y todo muere, para que tras la salida del sol comience la vida de nuevo, la cantante quiso reflejar la emoción de sentir el amor renovado a la vida, reflejado en el canto de los pájaros tras el final del duro invierno islandés y la llegada de la primavera.

El video es obra de Chris Cunningham, uno de los pocos realizadores que pueden sustraerse a la imposición de la industria musical que entiende el videoclip como un producto publicitario para la venta de discos. De hecho, en su trabajo, a medio camino entre el arte y la publicidad, en el que se materializan y filtran obsesiones recurrentes como entornos postapocalípticos, atmósferas gélidas retro futuristas, paisajes urbanos opresivos, colores fríos, e industriales al servicio de historias cercanas a la iconografía de la ciencia ficción, el cine del terror y la pornografía con un sutil sentido del humor, encontramos la influencia de Stanley Kubrick, Ridley Scott, David Cronenberg, David Lynch, o H.G. Wells,

En este trabajo aborda el antiguo sueño del ser humano de crear un doble de sí mismo, lo cual nos remite al mito clásico de Prometeo, pasando por el “Frankenstein” de Mary Shelley, el robot femenino de “Metrópolis” de Fritz Lang, los replicantes de Blade Runner de Ridley Scott o los clones con capacidad para emocionarse de “Inteligencia Artificial” de Spielberg. La figura robótica de Björk señala hacia un futuro en el que las fronteras de la existencia humana estarán determinadas por las máquinas y nuestra capacidad humana para experimentar el amor y el deseo, despojada de su exclusividad, se convierta en la cualidad propia de seres cibernéticos para los que la identidad sexual deja de ser un problema.

La ambientación escenográfica recuerda la estética gélidamente aséptica de películas de ciencia ficción como “2001, una odisea en el espacio”, de Stanley Kubrick. El frío y clínico colorido blanco del mundo de los robots controlado por los ordenadores provocan sensaciones como la soledad y el abandono. Pero Cunningham introduce elementos emocionales que actúan como contrapunto, pues, por otra parte, el color blanco representa cualidades como la pureza, la inocencia y la paz. De hecho, las imágenes de tiernas caricias, junto con la cálida, aunque tímida, mirada de los ojos oscuros y humanos (de la propia Björk), fortalecen esta sensación de emoción pura y pacífica.

El video comienza con unos chispeantes cables de electricidad entrelazados. Dos máquinas, en una habitación muy luminosa, trabajan sobre una figura durmiente androide que con ligeros movimientos de su boca va introduciendo la melodía a base de sonidos inspirados por máquinas con instrumentos orquestales y clavicordio. Es Björk. Para ello fueron usados sus ojos y boca y el resto del cuerpo fue tratado en ordenador a través de un programa de 3D.

Sigue con el encuentro del robot Björk con su propio alter-ego y su unión en un apasionado y sexual abrazo. Ambos hacen el amor a través de un ballet mecánico que sugiere un acto de modesta timidez virginal. Los robots poseen una timidez inicial que se va elevando hasta el sentimiento de amor. Para su acoplamiento la sexualidad del acto de amor es intensificada por el líquido lubricante que facilita la velocidad de sus movimientos, lo que genera en el espectador una sensación voyeurista de haber visto a las máquinas haciendo el amor.

En EEUU la canción alcanzó el octavo puesto en las listas dance y el sencillo fue el primero en la discografía de Björk en publicarse en el nuevo formato de DVD single para mejorar la calidad del vídeo. Además recibió una candidatura a los premios Grammy y ganó varios, como "Mejor Video" y "Mejores Efectos Especiales" en los MTV Video Awards del año 2000. Paradógicamente el video fue censurado por algunas cadenas porque se decía que daba una imagen homosexual, al ser los robots más bien femeninos. Sin embargo, sigue emitiéndose en la MTV hoy en día. Desde luego, no me extraña.