jueves, 29 de diciembre de 2011

Una España (perdida) para siempre


Como resultado de la colaboración de la Fundación Bancaja con la Hispanic Society of America nos llega la publicación Atesorar España, catálogo de la exposición homónima, en el que se muestra una selección de la que es considerada una de las mejores colecciones de fotografía de España que existen en la actualidad.

Gracias a la inspiración del filántropo Archer M. Huntington (1870-1955), fundador de la institución americana, tenemos la oportunidad de conocer cómo éramos hace un siglo, materializado en las instantáneas de ciudades pequeñas y zonas rurales de la entonces considerada la España más genuina y tradicional, un país alejado de la visión estereotipada de toros y pandereta. Así pues, son imágenes también de una España que voluntariamente se deseaba contemplar genuina y mítica, que ya entonces miraba hacia un ayer en trance de desaparecer de manera inexorable gracias a la irrupción de la modernidad industrial y urbana.

Pero en el deseo de compendiar el alma de España con la mayor exhaustividad posible, de mostrarnos la crónica visual de un tiempo que se ve en sus calles y plazas, castillos, iglesias y monumentos, paisajes rurales o marítimos, así como en las escenas de la vida cotidiana, el espectador queda atrapado por la sensación de deterioro y tristeza que lo envuelve todo. La imagen de la España que transmiten estas fotos es la de una existencia con toda seguridad más dura y austera, una España decadente, abandonada y aparentemente más fría. La de un país vivido en blanco y negro o en sepia.

Por eso, al ver estas fotos he recordado a mi abuela que, nacida con el siglo XX, me contaba su infancia de penurias, sacrificios y esfuerzos vividos siempre con resignación y dignidad. Me han evocado a ella, que nunca subió a un avión ni conoció más allá de Castellón, que nunca fue de vacaciones y se levantaba cada día con las luces del alba, que vivió en una España que afortunadamente hemos perdido. Que sea para siempre.





sábado, 24 de diciembre de 2011

El poder de los libros


A los esclavos, en el sur de Estados Unidos, se les prohibía por ley que leyesen. Y en muchas culturas a las mujeres se les ha prohibido escribir y aún en gran parte del mundo sus familias no quieren que vayan a la escuela, porque las educan para ser criadas y esclavas de sus maridos. En el régimen nazi, en el estalinista, en la China de Mao..., en cualquier dictadura, los periódicos y los libros se someten a una estricta censura y se queman o se destruyen los considerados perniciosos. Un libro prohibido te puede costar la libertad, precisamente porque te la ofrece, porque te abre una ventana al mundo.

De ahí la creencia en la absoluta e ilimitada libertad de la lectura; en las virtudes de pasear por entre pilas de libros y coger el primero que llame la atención; en la elección de los libros por la tipografía e imágenes que ilustran su portada; en la lectura de libros porque a otros les disgustan o los consideran peligrosos; en la elección del libro más difícil que quepa imaginar... Pero lo que no hay que creer es en que nadie diga qué hay que leer, cómo leer, cómo interpretar, y sobre todo dónde leer.

Porque en los libros están todas las pasiones, todas las respuestas y ejercen sobre nosotros una irresistible atracción. Tan solo tenemos que extender la palma de la mano para acariciar las palabras, o cerrar los ojos para dejarnos llevar por el suave sonido que los dedos producen al acariciar el papel. Y, además, no hay dos libros iguales, porque las mismas palabras, en libros distintos, pueden significar cosas completamente distintas.

A todas estas reflexiones nos conduce Tinta, el último libro de Fernando Trías de Bes (Seix Barral, 2011). Un original homenaje al poder de las palabras y al libro impreso, donde nos muestra cómo funciona la literatura y la imaginación. Un curioso homenaje al texto impreso donde nos invita a reflexionar acerca de la posibilidad de que un libro pueda llegar, incluso, a modificar nuestro destino. Ese es, probablemente, el poder de la literatura.

domingo, 18 de diciembre de 2011

El hábito no hace al monje


No había leído nunca a Graham Greene. Y hace unos días me regalaron El Dr. Fischer de Ginebra. “Léelo entre líneas”, me dijo quien me lo regalaba. Y así hice. Se trata de una comedia negra, una novela breve, escrita con un sentido del humor bastante ácido en la que el personaje que mueve los hilos de la trama es el que da título a la historia. El Dr. Fischer es un millonario misántropo y cruel adepto a la idea de que todo lo puede el dinero, de que cualquier cosa y cualquier hombre tiene un precio. Por ello se divierte humillando a un grupo de aduladores avarientos. Pero la historia nos llega distorsionada a través de los ojos de Alfred, su yerno, frustrado y mucho más pobre que él, pero más digno, a quien tanto Fischer como sus secuaces le resultan patéticos e incomprensibles.

El autor satiriza sin concesiones sus costumbres y con una agudeza implacable muestra sus vicios más repulsivos. “Creo que detestaba al doctor Fisher más que a ningún hombre de cuantos he conocido, así como amé a su hija más que a mujer alguna”, afirma Alfred refiriéndose al Dr. Fischer, una persona que nos extraña que pueda ser tan cruel. Pero por desgracia, en la realidad, hay seres que dejarían en pañales a este supuesto doctor que representa la codicia ilimitada que devora a la gente que considera que tiene poder.

El Dr. Fischer, y especialmente a través de su mayordomo -que es el que decide en primera instancia a quién va o no a recibir el doctor-, se encarga de que quede bien claro dónde se sitúa cada uno y cuál es su posición en el imaginario, y a veces no tan imaginario, organigrama de la vida. Unos mandan y otros obedecen. Unos desean y otros cumplen. Unos son jefes y otros empleados. Que quede bien clara la autoridad, porque hay dos niveles. Unos están arriba, y otros abajo. Y los que están abajo, por mucho que se empeñen, nunca lograrán llegar al corazón de la cebolla, que es el Dr. Fischer, a salvo bajo capas y capas de protección, de filtro, de barrera y de imposición.

Lo que no sabía el Dr. Fischer es que la autoridad no se exige ni se impone, ni se legitima por los gestos. La autoridad es un estado moral que se gana, se concede y te legitima. Se puede tener aunque estés sentado en la mesa de al lado pues ya no es necesario ser el que ocupa el despacho de suelo de mármol con mobiliario de maderas nobles y cueros repujados.

martes, 13 de diciembre de 2011

El contenido del silencio


Lucía Etxebarria no planeó dedicarse a la literatura. Tener siempre las mejores notas en literatura y ser la responsable de escribir las obras y redacciones del colegio la hizo merecedora de la consideración de niña prodigio. Por eso relacionaba escribir con las obligaciones escolares. Pero una cosa fue llevando a otra. Y, a los 28 años, tras una gran crisis personal, escribiendo para desahogarse, surgió Amor, curiosidad, prozac y dudas.

Ahora regresa a Castellón con el que es considerado su mejor trabajo hasta la fecha, El Contenido del Silencio, donde muestra un cambio radical de estilo que marca el inicio de una etapa diferente y más ambiciosa en su narrativa. Etxebarria ha madurado, ha dejado la frescura y la inocencia del principio, pero ha ganado, indiscutiblemente, en habilidad narrativa y en capacidad de construir personajes, como evidencia esta novela que consigue atrapar al lector desde el primer momento con sus personajes nada planos, en los que nada es blanco o negro, ni malo, ni bueno, sino todo lo contrario.

La novela, cuyo origen fue un guión cinematográfico, está basada en historias reales. Entre ellas, el suicidio ritual que se había planeado en la “Secta de Heidi” en Tenerife y la historia del Grupo de Acción Analítica, en La Gomera, donde un grupo de personas que vivía sujeto a las decisiones de un líder se retiró a una cala sin otro contacto con el resto del mundo que la salida por mar. Y aborda también el tema de los nazis que se quedaron a vivir en España tras la guerra. Los nazis tuvieron un gran interés por Canarias, y no sólo por su situación estratégica. Antropólogos alemanes estudiaron a los guanches y sus raíces étnicas, y los miembros de la SS de creencias esotéricas buscaron en las islas petroglifos y símbolos celtas.

Para escribir esta historia ha necesitado realizar una exhaustiva labor de documentación bibliográfica e histórica, así como entrevistas a ex-acólitos de sectas y a un sacerdote especializado en desprogramación, además de cinco viajes a Canarias, Tenerife y Fuerteventura. Todo ello para bucear a fondo en un tema escabroso y opaco, las sectas destructivas, especialmente las instaladas en Canarias, cara oscura de las Islas Afortunadas. La presunta fuerza telúrica, el sincretismo cultural de las islas, así como los avistamientos de ovnis, su orografía impactante y ser un destino turístico, con mucho tráfico de gente pero con un interior despoblado donde poder actuar sin llamar la atención, crean las condiciones perfectas para estos hechos.

Este contexto es el que ha servido a la autora para buscar la explicación de qué es lo que lleva a una persona adulta a ingresar en un grupo sectario. Cualquier persona es vulnerable de ser manipulado y captado. Se trata de personas que en un momento determinado se encuentran particularmente vulnerables por la razón que sea. Siempre hay un captador que les invita a asistir a conferencias o a retiros y, poco a poco, el grupo teje sus redes a su alrededor convenciéndole de que es especial y valioso, de que tiene unas cualidades espirituales muy raras y únicas, y que está destinado a algo muy alto. Cuando, por fin, está captado el grupo insiste en que corte todo contacto con sus familiares y amigos, y a partir de entonces se inicia la verdadera desprogramación, el lavado de cerebro. Ese suele ser el punto de no retorno.

La novela presenta una estructura típica de thriller con pistas que conducen a otras pistas, pistas falsas, misterio dentro de otro misterio… Es un thriller psicológico-romántico donde observamos la influencia de Patricia Highsmith, a la que la autora admira reverencialmente, pero con una historia de amor y confianza en el género humano, la historia de una redención a través del amor.

Gabriel, un chico a punto de casarse en Londres recibe una llamada telefónica. Su hermana, a la que no veía desde hace diez años, ha desaparecido. Ingresó en una secta y desde entonces nunca más se supo. Ha habido un suicidio ritual y su cuerpo no está entre los que el mar ha devuelto. La secta estaba relacionada con la orden negra a la que perteneció Himmler y con los nazis refugiados en Canarias tras la segunda Guerra Mundial. Pero ese viaje es paralelo a un viaje interior. Tiene que viajar a lo más profundo de sí mismo para recordar por qué su hermana huyó de él, para admitir sus culpas y sus miedos, y para exorcizarlos. Es una historia de liberación, la historia de cómo a través de ese viaje ese hombre asume que el peso de un secreto compartido con su hermana y guardado años en el silencio le ha incapacitado para amar y ser feliz. Es un viaje en lo exterior (por Tenerife y Fuerteventura) siguiendo la pista de su hermana y en lo interior es un viaje hacia sí mismo y la verdad. Por eso es una novela poética.

La secta sirve a Lucía Etxebarria de excusa para abordar sobre los mecanismos de manipulación. Toca temas profundos y mucha gente se va a ver reflejada incluso si jamás ha estado en una de ellas, porque los métodos de captación de una secta y los de que usa un perverso narcisista (una pareja que te capta solo para sacar provecho de ti) son muy parecidos. El dolor y el sufrimiento son temas universales; la confusión y el deseo también.

El mejor premio que uno puede tener es contar con lectores que le siguen y le apoyan. “No escribo para que no me lean, no tengo vocación de escritora maldita. Prefiero lectores fieles a un premio de la crítica”, afirma. Sin embargo, con obra traducida en más de 20 países, las críticas feroces siempre las ha recibido en España. Con esta obra busca ser, al fin, profeta en su tierra. El próximo miércoles la esperamos a las siete y media de la tarde en el Edificio Hucha de la Fundación Caja Castellón.


lunes, 12 de diciembre de 2011

¿Cómo se cuenta la risa?


La Semana de las Letras en Español es el evento literario más importante que desarrolla el Instituto Cervantes en su red de centros en todo el mundo. Cada año, una ciudad desarrolla esta actividad que congrega una muestra representativa y plural de la creación verbal en español. Después de haberse celebrado en ciudades como Londres, Manila, Pekín, Nápoles, Dublín o París, ahora le ha tocado el turno, del 21 al 25 de noviembre, a Roma. En esta ocasión el tema central de este encuentro ha sido el humor. Ese humor que está en la raíz fundacional de una literatura que desde el Quijote comprendió que la risa es una fundamental herramienta de la vida y la creación.

Autores con trayectorias literarias bien distintas como Alicia Giménez Bartlett, Ignacio Vidal-Folch o Gabriela Bustelo, entre otros, intercambiaron impresiones acerca de la narración, la ironía y el humor. El último día Eugenia Rico y Eduardo Mendicutti, además del bloguero Daniel Díaz, desvelaron en la mesa redonda “¿Cómo se cuenta la risa?” su visión personal sobre el humor en la literatura en la Sala de Piazza Navona del Instituto Cervantes en Roma.

Para Eugenia Rico la risa es la manera de soñar despierto más maravillosa que conoce, porque en la literatura es “la sacudida del sueño, el temblor del alma”. Por su parte Eduardo Mendicutti afirma que «En España en estos momentos está resucitando el aspecto humorístico de la realidad, porque en unas circunstancias adversas, dolorosas o difíciles, el humor se convierte en una forma de coraje. La gente puede pensar que el humor significa frivolidad, una especie de escapismo, pero es un arma como cualquier otra para afrontar los problemas de la vida».

La ironía nunca lo ha tenido fácil, no sólo dice lo que dice, sino también todo lo contrario. El humor, por contraste, y en su justa medida, es uno de los condimentos esenciales de la literatura, porque nos muestra lo insignificante que es todo, muestra la humanidad despojada de solemnidad, nos ofrece una catarsis ante las mayores adversidades, y por eso, hoy en día, podemos afirmar que lo hace todo más habitable. Como señala Mendicutti, la seriedad no está reñida con el humor. Afortunadamente.

domingo, 11 de diciembre de 2011

¿Por qué nos odian si somos tan buenos?


George Orwell escribió que en una sociedad libre las ideas impopulares podían suprimirse sin necesidad de usar la fuerza. La forma más importante para lograrlo es la buena educación. Si tienes una buena educación, dijo, has interiorizado que existen ciertas cosas que no deben decirse, o incluso, ni siquiera pensarse.

Los que, como Noham Chomsky (Filadelfia, 1928), el mayor intelectual de Estados Unidos, buscan con ahínco la verdad y la justicia son despreciados por quienes tienen como objetivo el poder y los privilegios. Implacablemente autocrítico, ha denunciado y desenmascarado desde hace décadas las mentiras de la élite en el poder y de los mitos que construye. Una pequeña muestra de su trabajo queda recogido en los escritos, conferencias y respuestas seleccionados en La era Obama y otros escritos sobre el imperio de la fuerza, de la editorial Pasado y Presente, donde nos anima a no dar por sentadas nuestras suposiciones y adoptar una actitud escéptica hacia todo lo que sea sabiduría convencional porque si la obligamos a justificarse descubriremos que, por lo general, no puede.

Chomsky nos enseña a vivir en el presente con actitud esperanzadora porque existen opciones, la decisión es nuestra: cada individuo tiene el deber de actuar de acuerdo con principios morales y obligar a quienes están en el poder a hacer lo mismo. El cambio social sigue estando a nuestro alcance. La respuesta depende en gran medida de lo que decidamos hacer, porque escandalizarnos no sirve para nada. Si de verdad queremos impedir nuevas atrocidades, tenemos que intentar averiguar cuáles son sus raíces.

De hecho estamos en el origen de muchas de las que se comenten en el mundo. Nuestros propios crímenes quizás sean monstruosamente peores, pero no entran dentro de nuestro campo de visión. No los estudiamos, no nos informamos sobre ellos, no pensamos en ellos, nadie los menciona. Sencillamente no se nos permite pensar al respecto y, si estamos de acuerdo con que así sea, es nuestra decisión. Pero no debemos olvidar que la vara con que juzgamos hoy a los demás es con la que la historia nos juzgará mañana.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Se acabó la fiesta


Todo lo que sube y sube en algún momento tiene que bajar. Tras veinte años de oportunidades y soñar a través de la arquitectura, hemos pasado de la emoción a la conmoción. Pero, ¿cómo se ha llegado al actual panorama de proyectos cancelados, espacios vacíos y edificios públicos sin fondos? Tras el banquete de los años noventa, en los que todo parecía posible, ha llegado el momento de la reflexión. En "Se acabó la fiesta" el escritor Félix de Azúa, los arquitectos Richard Rogers, Blanca Lleó, Emilio Tuñón y Luis Mansilla, los editores de la Revista El Croquis, Fernando Márquez y Richard Levene, y el periodista Llàtzer Moix, reflexionan acerca de la arquitectura realizada en los últimos 20 años en España.

Sin duda, los éxitos de la Barcelona Olímpica y el Guggenheim de Bilbao marcan el inicio del gran milagro arquitectónico español. Pero en lugares como Bilbao encontramos el criterio del especialista porque, como afirma Blanca Lleó, tenemos la suerte de ser muy creativos. Pero la mala suerte de tener muy malos gestores, añade. El Guggenheim ha sido capaz de establecer una relación con su entorno, poniéndolo en valor y revitalizándolo. Sin embargo, el resultado de este fenómeno ha sido una gran borrachera de entusiasmo desarrollista al límite, un derroche de medios; y al hacer mucho más de lo necesario, se ha llegado a ser destructivo.

Muchas ciudades quisieron emular el caso Guggenheim por el simple mecanismo de construir un gran edificio de un arquitecto estrella. Un modelo que no siempre ha funcionado, entre otras razones por no acompasar bien la inversión con el rendimiento que se pretendía obtener. Según Llàtzer Moix cuando uno busca distinguirse pero en el entorno todo el mundo hace lo mismo, la distinción desaparece. Y ahora, al llegar la crisis, este fenómeno ha desaparecido de muerte accidental al poner en evidencia estas operaciones desmesuradas.

Como se afirma en el reportaje de La 2, el poder siempre ha buscado quién dé forma a sus sueños. Por eso, los arquitectos han concebido edificios que en unos casos se han convertido en símbolo del poder, mientras que en otros, los menos, han pasado a ser símbolos. Y, aunque pocos son los genios independientes que han sabido innovar, también es cierto que se necesitan clientes exigentes con los pies en el suelo. Cosa que evidentemente no ha existido en muchas ocasiones.

¿Cuál es la imagen que queda para nuestras ciudades de algo que en sí mismo es un puro derroche estéril cuando no queda para sanidad o educación?. Los edificios son como las personas, pueden ser bellos, pero no por ello tienen que ser buenos...



miércoles, 7 de diciembre de 2011

Merezco ser feliz


«Todo ser humano tiene la opción de embarcarse en la búsqueda y el disfrute de su propio bienestar emocional. Tenemos derecho a la felicidad. Ese estado especial está a nuestro alcance, en el interior de cada uno de nosotros. Un derecho que debemos reivindicar y que nos hemos ganado tan sólo por estar aquí; simplemente por vivir». Estas palabras del psicólogo Guillermo Ballenato, responsable del asesoramiento psicológico y psicopedagógico de la Universidad Carlos III de Madrid y autor del best seller Educar sin gritar, ofrecen una nueva perspectiva sobre nosotros mismos y nuestra felicidad. Nos brinda una mirada positiva que anima al cambio a la alegría, a tomar la iniciativa, a llevar una vida coherente, plena, con sentido.

Pero la felicidad es fundamentalmente ser uno mismo y ser libre. Y en la posibilidad de elegir con libertad e independencia, sin adherencias, sin lastres, sin nada que nos obligue, sin condiciones que nos lleven a hacer lo que creemos que no se debe hacer, encontramos el ingrediente fundamental para lograrla.

El estudio y la práctica de la psicología conducen de forma natural a la reflexión sobre el bienestar emocional y la felicidad del ser humano. La ciencia se cuestiona de manera recurrente de qué variables depende, intentando entender por qué se da en unos sujetos con tanta facilidad mientras otros tienen dificultades para encontrar satisfacción en sus vidas. Por ello, Guillermo Ballenato compartirá el próximo miércoles en Castellón lo que observa y constata a diario desde la experiencia profesional. Más de dos décadas de ejercicio de la psicología le permiten reflexionar sobre las que considera algunas claves de la felicidad del ser humano.

“Soy testigo del poder de cambio de las personas, de su capacidad de adaptación y renovación, y de su gran competencia para mejorar sus vidas”, afirma. Porque “el cambio es posible. Nace de la reflexión, el análisis y la acción. Habrá aspectos de la realidad que no podremos cambiar, pero también es posible ser felices en circunstancias adversas, sin necesidad de modificar las condiciones externas. Lo que sí podemos cambiar es la mirada y la forma de ver las cosas. A menudo aplazamos nuestra felicidad, supeditándola a determinados logros: «Seré feliz cuando tenga dinero, encuentre el amor de mi vida, tenga hijos, termine los estudios, recupere la salud…». Y, aunque es posible que eso también sea así, en este momento, con lo que tiene y con lo que es, ya puede ser feliz. Muchas personas se sorprenden cuando descubren que no era tan difícil, que lo tenían al alcance de la mano aunque no habían sido capaces de darse cuenta”.

Ballenato defiende que está en nuestra naturaleza ser felices. Y que esa felicidad crece cuando se comparte y se brinda también a otras personas. Porque, añade, que la felicidad es incompatible con la sensación de prepotencia, está vinculada con el valor de la humildad, con el del altruismo, con la actitud de entrega y apoyo a los demás. De hecho, somos seres sociales, compartimos nuestras vidas y crecemos juntos. El cambio social nace del cambio individual. Cuando mejoramos, cuando reímos, cuando nos ilusionamos y somos felices, ayudamos también a que mejore nuestro entorno. Contagiamos a quienes tenemos cerca. Somos portadores de bienestar. Sin embargo, cuando nos infravaloramos, cuando nos culpabilizamos por haber cometido algún error, cuando el miedo nos impide afrontar los retos que nos presenta la vida y nos quejamos de nuestra suerte, entonces, no nos permitimos ser felices.

Por eso nos anima a darnos permiso para ser felices. Ahora, aquí, tal como somos y tal como estamos, aceptando las adversidades y valorando sus posibilidades. Nos sentimos felices cuando «somos» personas en un sentido amplio. Personas capaces de desarrollar nuestro potencial, de encontrar nuestra esencia y de vivir conforme a nuestros valores.

Estas son algunas de las orientaciones y recursos que podemos escuchar la tarde del día 14 de diciembre en la Fundación Caja Castellón que pueden ayudarnos a incrementar nuestro bienestar emocional. Porque la felicidad es una cuestión prioritaria. Y como afirma el profesor Ballenato no hay que dejar pasar más tiempo; no hay que temer a los cambios; ni retrasar nuestras decisiones. Debemos tomar las riendas de nuestra vida, que es muy corta porque hoy, aquí y ahora es el momento ideal: «¡Puedo ser feliz! ¡Merezco ser feliz! Todos los días están llenos de regalos, y son para el que quiera cogerlos».

sábado, 3 de diciembre de 2011

Manifiesto personal


Ana María Moix, en su Manifiesto Personal reflexiona con indiscutible acierto y contudencia sobre los temas que nos importan hoy en día. Preocupaciones que ha registrado prestando atención y, sobre todo, oído, a aquellos que viven, trabajan (con suerte), votan, pagan impuestos, sufren y se divierten: experiencias, lamentos, reflexiones, esperanzas y, especialmente, preocupaciones de gentes de su entorno.

Afirma que los aspectos negativos de nuestra vida actual no anidan en la libertad sexual, ni en el divorcio, ni en el aborto, ni en la homosexualidad abierta, ni en el imparable progreso de la mujer en todos los aspectos de la vida. La enfermedad, el mal, se llama dinero, sociedad de consumo, fomento del gasto individual, adicción a la compra, a las marcas caras, a la exhibición de la prepotencia económica, a la superficialidad bobona disfrazada de sofisticación. Hemos sucumbido a la religión del dinero, al culto a la apariencia, a una falsa estética aplicada no a las artes sino a los productos de marcas cuanto más caras mejor, al credo de la salud y cuidado del cuerpo como bien indispensable para alcanzar lo más deseado en este mundo: el éxito en el trabajo, en sociedad y en las relaciones humanas y familiares, cuanto más banales y menos exigentes mejor, con tal de poder sentirse ganador en el ejercicio para el que el sistema nos ha estado astutamente adiestrando: la competitividad.

En otro de los capítulos del libro afirma que la democracia es como la familia: una institución imperfecta, pero cualquier invento que pretenda sustituirla es indudablemente peor. No hay duda de que la familia es un nido de neurosis, de relaciones hipócritas y enfermizas, de malentendidos que duran años y abren heridas que nunca se cierran, de taras incurables, de odios ulcerosos, pero también de amores y afectos positivos que ayudan a vivir y a sobrevivir. La democracia, afirma, juega un papel similar. Por un lado, es un nido de trampas, de corrupción, de una falsedad sin fondo en la que caben toda clase de mentiras y engaños; pero, a la vez, es el único sistema político que ofrece mecanismos de defensa al ciudadano engañado, estafado e indefenso ante el cúmulo de atropellos que pueda sufrir. Aunque compartiendo la opinión de muchos afirme que parece estar a punto de caer gravemente enferma por culpa de la pésima relación entre la clase política y la ciudadanía, que se ha dado cuenta de que los políticos ya no ejercen la política porque su poder de acción ha sido arrebatado por los mercados, lo vuelve a llevar al inicio: el dinero.

Es evidente que nuestro sistema de vida está cambiando. Como afirma Ana María Moix es necesario recuperar las únicas armas con las que avanzar hacia un futuro no menesteroso ni vergonzante: los valores éticos y morales que, en algunas épocas de la historia hicieron de la humanidad una especie digna de vivir sobre la tierra.

Pero de momento así están las cosas, entre la desidia y el descontento. Y la casa sin barrer.