domingo, 27 de mayo de 2012

Después de mí, el diluvio


En Yo quiero mi gorro nos encontramos con un entrañable oso dispuesto a averiguar dónde se encuentra el gorro que ha perdido. Para ello preguntará a todos los animales que se va encontrando en su paseo por el bosque. Ni el zorro, ni la rana, ni la serpiente, ni el topo lo han visto. Tampoco el conejo que, con un sospechoso gorro rojo en la cabeza idéntico al que ha perdido el oso, se explaya más: "No. ¿Por qué me lo preguntas? Yo no lo he visto. No he visto ningún gorro en ningún lado. Yo nunca me atrevería a robar un gorro. Deja de hacerme preguntas". El oso seguirá buscando hasta llegar a deprimirse. Pero, en un momento de calma reflexiona que... ¡ha visto su gorro! Y es entonces cuando decide volver a buscarlo… hasta que llega al ladrón y lo recupera. Problema terminado. 

Momentos después una ardilla viene y le pregunta al oso feliz, y con el gorro puesto, si ha visto a un conejo con un gorro. La respuesta del oso resulta familiar: "No. ¿Por qué me lo preguntas? Yo no lo he visto. No he visto a ningún conejo en ningún lado. Yo no comería un conejo. Y no me hagas más preguntas". 


Debo confesar que la aparente sencillez de este cuento infantil escrito e ilustrado por Jon Klassen y publicado en España por Milrazones tras ser elegido por The New York Times Book Review como uno de los diez mejores libros ilustrados del año 2011, hizo que no percibiese en su totalidad la moraleja que alberga. Así que lo hice leer a personas adultas y ninguna pareció ver nada más allá de lo obvio: que el oso había recuperado su gorro y ya estaba tranquilo. El domingo con mis dos sobrinos pequeños en casa nos sentamos a leer el cuento. Inmediatamente uno de ellos me dijo que el conejo era un “mentiroso robón”. Pero mi asombro fue cuando mi sobrina añadió inmediatamente: “lo que pasa es que el oso tiene mucho morro”. 

Parece mentira que un libro para niños sea a sus padres a los que haga reflexionar. No deja de sorprenderme que sean los niños lo que vean algo negativo donde los adultos ven cotidianeidad. Decía Sófocles hace ya bastante tiempo que siempre se repite la misma historia, que como individuos no pensamos más que en nosotros mismos. No sé qué hubiese pensado de vivir en esta época en la que "yo" y "mí" dialogan con tanta asiduidad, porque parece que solo nos preocupan nuestros intereses particulares, y los demás, que se las apañen como puedan. O como decía Luis XIV: “después de mí, el diluvio” y "el que venga atrás que arregle".


miércoles, 23 de mayo de 2012

El valor de la diplomacia


El planeta entero se conmocionó cuando aparecieron unos 251.000 documentos secretos de la diplomacia norteamericana en poder de cinco periódicos -El País, Der Spiegel, New York Times, The Guardian y Le Monde-, que analizaban la relación de EEUU con el resto del mundo. A pesar del escándalo inicial hay que reconocer que no hay nada de novedoso en el hecho de que este tipo de documentos confidenciales pasen a manos de personas que no debieran tenerlos. Es algo que ha ocurrido a lo largo de la historia. Los países han pagado a espías o contado con el trabajo de diplomáticos para intentar conseguirlos y con frecuencia han desarrollado gabinetes de especialistas para descifrar telegramas y cables encriptados que las embajadas mandaban a sus países y sus gobiernos. 

De lo que no hay precedentes en la historia es que de golpe, como ha ocurrido con WikiLeaks, se haya filtrado, a pesar de los esfuerzos por impedirlo, tal cantidad de información confidencial de alcance internacional. Se desconoce cuáles fueron las razones que movieron a la persona que lo hizo. Sin embargo, y tras la sorpresa inicial nos damos cuenta, como afirma el diplomático español Inocencio Arias, que estos documentos no dejan en mal lugar a la diplomacia americana. Revelan el trabajo de una serie de profesionales que informan fidedignamente a su gobierno de lo que ven en los distintos lugares del mundo en los que desarrollan su labor. Si ven que un gobierno es corrupto lo informan, si ven que un político no es fiable lo dicen, pero no mienten... Lo que es cierto es que, si bien no existe tanta novedad en lo que informan, sí que es evidente que ratifican, refuerzan y nos convencen de lo que era obvio o ya se intuía. Porque declaraciones asombrosas se descubren muy pocas. 

Puede afirmarse pues que para la diplomacia WikiLeaks no ha sido una revolución como tal. Pero ha trastocado los modos futuros de la diplomacia porque, a partir de ahora, los interlocutores en conversaciones o negociaciones que se realicen en el mundo, y sobre todo en Estados Unidos, serán mucho más prudentes a la hora de expresarse, y los contactos será mucho más difícil de establecer, añade Arias. 

También es posible que tras las revelaciones producidas por WikiLeaks muchas personas, por conciencia, por rencor a sus gobiernos o por interés político, terminen filtrando documentos que pongan en peligro la seguridad. Es sabido que ya hay gente preparando filtraciones en más de un país y tarde o temprano el fenómeno WikiLeaks va estallar en España. De hecho, al propio Inocencio Arias, cuando era embajador en la ONU, le intervinieron un telegrama enviado al Ministerio de Asuntos Exteriores, lo que le generó más de un problema. 

Inocencio Arias (Albox, Almería, 1940) se jubiló el año 2010, después de más de 40 años de carrera diplomática. Además de trabajar en las embajadas de Bolivia, Argelia y Portugal, ha ocupado altos cargos en el Ministerio de Asuntos Exteriores y ha sido embajador de España en Naciones Unidas. Su última misión diplomática fue la de cónsul general en Los Ángeles. Afirma Arias que las dotes del buen diplomático son el criterio, la prudencia y mucho sentido común, pero el próximo miércoles, día 30 de mayo, esperamos que siendo como es conocedor de las entretelas de la diplomacia de las últimas décadas, nos dé también respuestas a todo lo que siempre quisimos saber pero no nos dejaron preguntar... La oportunidad será en el Salón de Actos del Edificio Hucha de la Fundación Caja Castellón-Bancaja con motivo de su intervención “El fenómeno WikiLeaks y nosotros”.


lunes, 21 de mayo de 2012

Una mujer en la corte de los papas


En el Vaticano sentimos el deseo de comprender todo lo que se ve. Al llegar por primera vez a los umbrales de este lugar, que encierra el corazón espiritual de Occidente, se nota enseguida el estímulo de tantos recuerdos que se van condensando en la mente a cada paso. Entrar en San Pedro, visitar los museos, recorrer las loggias, atravesar los patios, significa sumergirse en la historia de épocas antiguas y recientes, experimentar la fuerza sugestiva que la fértil erosión que es la historia ha ido acumulando. Uno se imagina cómo era en otros tiempos este lugar situado cerca de la vía Triunfal, a los extremos de la ciudad de Roma: el ager vaticanus, la zona de colinas nada fértil ni atrayente, que se convirtió en lugar de referencia a consecuencia del martirio de cristianos durante las persecuciones de Nerón de los años 64 a 68 de nuestra era, en la cual encontró también la muerte el apóstol Pedro, primer Papa de Roma. Y desde entonces, en los dos mil años transcurridos, prácticamente no ha habido asunto del cielo o de la tierra en el que el Romano Pontífice no haya tenido algo que ver, jugando en algunos casos un papel determinante en el transcurso de la historia.

Arqueólogos, historiadores, literatos y artistas en general han narrado e ilustrado la historia de sus milenarios testimonios, del arte y de la historia de una tradición y una civilización en las que se fundamenta el mundo actual. Pero en el fondo queda siempre por explicar algo mucho más significativo que puede escapar a un simple análisis: su historia cotidiana, su día a día, el devenir de sus protagonistas. Quien no acierte a descubrir los rasgos de este perfil no encontrará una explicación satisfactoria que le permita hacerse una idea exacta de cuál es el significado de esta meta de peregrinos y visitantes con una historia ininterrumpida de atracción universal que es el Vaticano. 

La mujer que más sabe de esta ciudad y de los papas es la periodista Paloma Gómez Borrero. El jueves viene invitada por la Fundación Caja Castellón-Bancaja a explicarnos, en el ciclo de charlas-coloquio “Femenino Singular”, cuáles son las razones de esta fascinación. Nadie mejor que ella, madrileña de nacimiento pero romana de adopción, que ha sido testigo privilegiado y vocacional de momentos históricos durante más de tres décadas como corresponsal para diferentes medios españoles en el Vaticano. Gracias a su trabajo ha podido cubrir informativamente los papados desde Pablo VI hasta Benedicto XVI y acompañarles en sus viajes. De este modo acompañó a Juan Pablo II en sus 104 viajes (5 de ellos a España) visitando 160 países y que sigue formando parte del grupo de periodistas que viaja en el avión de Benedicto XVI durante sus visitas pastorales. 

Dice Paloma Gómez Borrero que "los muros del Vaticano son silenciosos... y si los muros no hablan, los que viven dentro menos todavía... Es un lugar en el que hay que saber interpretar silencios y medias palabras”. Sin embargo, nadie mejor que esta mujer acostumbrada a que en sus viajes y actos papales se arme “la de Dios” (y nunca mejor dicho): aplausos, gritos y fervor, para compartir con nosotros las “Confesiones de una mujer en la corte de los papas”.

domingo, 20 de mayo de 2012

A los profesores que no hemos olvidado...


A veces basta un profesor -¡uno solo!- para salvarnos. Es lo que me pasó a mí con mi profesor Carlos Fradejas.

Fue uno de mis profesores durante mi etapa de bachillerato. Llegaba cada día a clase tranquilamente con con una carpeta debajo del brazo, nos saludaba amablemente y, desde sus primeras palabras nos adentrábamos en la historia. En sus clases me zambullía en la historia, la geografía y el arte. Y quedé atrapado. Día tras día, más y más... Porque en cuanto el profesor Fradejas cruzaba la puerta todo se convertía en historia y nadie podía imaginarle dando clase de otra cosa que no fuese precisamente aquella. Una materia de la que parecía conocerlo todo y que compartía con nosotros. 

Podríamos decir que la historia resucitaba en sus clases. Y sin embargo su influencia sobre nosotros no se detenía ahí. La clase seguía después de la clase, en la biblioteca del departamento donde los libros llegaban hasta el techo en todas y cada una de las paredes, donde esperaban todos los libros que pudieses necesitar y donde, a diferencia de otros departamentos la puerta siempre estaba abierta. Es la suerte de tener profesores que comparten no solo su saber sino el propio deseo de saber y que, como alumno, te hacen sentir considerado.

No sé si representó para otros alumnos la revelación que fue para mí, es posible incluso que para otros fuese el aguafiestas de turno. Pero en mi caso, cuando acabé el instituto la decisión estaba tomada: como el profesor Fradejas, ¡yo también sería profesor de historia! 

Qué diferencia con aquellos otros profesores que a pesar de estar impartiendo una clase se notaba enseguida que no estaban presentes. Ni preguntas ni respuestas. Aquellos profesores a los que aparentemente yo no les importaba, como tampoco el resto de mis compañeros. Esos profesores cuya presencia no habita en el aula, víctimas de una especie de cadena perpetua laboral, para los que los alumnos no existen ni cuentan, que parece que cada año se dirigen no exentos de cierto desdén a un público cada vez menos digno de sus enseñanzas y de su tiempo y que no paran por ello de quejarse.

A todos ellos les he olvidado.

sábado, 12 de mayo de 2012

Mentiras compartidas


En Mal de escuela el escritor Daniel Pennac recuerda dos curiosas anécdotas. En la primera un amigo de su hermano, que por entonces debía tener doce o trece años, como temía un examen de matemáticas, le pidió a su mejor compañero que le indicase el lugar exacto del apéndice. El día del examen se derrumbó en plena clase simulando un terrible ataque. La dirección del centro fingió creerle y le mandó a su casa, aunque solo fuese para librarse de él. Desde allí, los padres -a quienes ya les había hecho otras jugarretas- le llevaron sin mucha convicción a una clínica cercana donde, sorpresa, ¡le operaron de inmediato! Después de la operación, el cirujano apareció llevando un frasco de vidrio donde flotaba un largo chirimbolo sanguinoliento y dijo, con el rostro radiante de inocencia: “¡He hecho bien operándole, ha estado a un pelo de la peritonitis!”.

En la segunda historia, más reciente, la directora de un instituto, que controlaba mucho las ausencias de los alumnos, pasaba lista personalmente en sus clases de último curso. No apartaba los ojos, especialmente, de un reincidente al que había amenazado con la expulsión a la próxima ausencia injustificada. Esa mañana el muchacho no estaba; fue la gota que hizo rebosar el vaso. La directora del centro llamó de inmediato por teléfono, desde la secretaría, a la familia. La madre, desolada, afirmó que su hijo estaba efectivamente enfermo, en cama, ardiendo de fiebre, y le aseguró que estaba a punto de avisar al instituto. Así pues, la directora colgó satisfecha el teléfono, todo estaba en orden. Salvo que, de regreso a su despacho, se topó con el muchacho. Sencillamente, estaba en los lavabos cuando pasó lista.

Estas dos memorables historias de complicidad adulta con la mentira nos demuestran que las sociedades también se edifican sobre la mentira compartida. Las dos anécdotas lo demuestran, los miles de despedidos, y los que viven con la inestabilidad de un futuro a corto plazo incierto son la evidencia palpable de que nosotros también hemos vivido en otra. Lo que no tengo claro es hasta qué punto nosotros también fuimos cómplices de su construcción.

viernes, 11 de mayo de 2012

Hucha animada


Cuando pensamos en cine de animación es inevitable la referencia a Walt Disney. Sus producciones forman parte de los clásicos del género. Pero desde que la compañía americana llegase a nosotros en 1923 con sus conocidos personajes y celebradas producciones ha llovido mucho hasta alcanzar el desarrollo sin precedentes que el cine de animación ha conocido en las últimas dos décadas. La propia compañía Disney tuvo un momento de esplendor a principios de la década de 1990 con algunas de sus más exitosas y mejores películas, sobre todo desde la celebrada La bella y la bestia. A partir de ese momento el cine de animación se convirtió en uno de los más importantes géneros de la industria cinematográfica hasta situarlo en lo más alto del panorama actual. A ello contribuyó, sin ninguna duda, el auge de la infografía, que ha llevado a la compañía Pixar a convertirse en la más exitosa productora del mundo, con películas tan bien acogidas como los mejores Disney. Así, desde el corto de 1986 Sneak Peek, donde una lámparita jugaba con una pelota, ha evolucionado y producido éxitos como Toy Story, Bichos o Shrek (que revolucionó en su momento el mundo de los cuentos, las historias y la animación para la familia con un tono sarcástico y una historia cargada de ironías). Cabría incluir finalmente otros competidores para la clásica Disney, como DreamWorks, responsable de Antz, o la 20th Century Fox, titular de Ice Age o Robots, películas de enorme éxito que nos lleva a concluir que hasta ahora animación es sinónimo de éxito en taquillas, críticas y marketing. 




No hay que olvidar en este breve análisis al anime japonés, que se ha convertido en la industria más prolífica del planeta, popularizándose en todo el mundo. Las series de televisión son innumerables y siguen siendo la atracción principal para millones de aficionados, al tiempo que la producción de largometrajes, después de desaparecer prácticamente durante los años 1970, volvieron con una fuerza creativa y comercial inusitada, principalmente a partir de Nausicaa del valle del viento y Akira, de Katsuhiro Otomo, que derivaron en una explosión de estilos y temáticas que han logrado el reconocimiento de Occidente.


Pero, ¿qué ocurre en el viejo continente? Si Francia ha destacado con los cortometrajes de la productora Folimage; en largometraje, el éxito de Kirikú y la bruja ha abierto el camino para un número creciente de películas de ambiciones y calidad notables. Mientras, en el Reino Unido, la productora Aardman Animations (dedicada principalmente a animación con plastilina) se hizo popular especialmente a partir de la saga de Wallace y Gromit y se lanzó a la producción de largometrajes como Evasión en la granja. Curiosamente cabría destacar que al abrigo de este éxito floreció la animación independiente, al tiempo que se ha producido la renovación del género en los países del Este gracias a las nuevas generaciones de animadores que han mantenido viva su tradición. 


En el caso del cine español de animación nunca ha destacado más allá de nuestras fronteras, y siempre ha tenido que enfrentarse a los problemas de raíz que caracterizan, en general, a todo el cine español: producción austera, profesionales que cuenta con mucho empeño pero pocos recursos, una distribución que castiga lo local por lo foráneo, reduciendo con ello el circuito de exhibición de esta piezas, y quizás lo más importante y lo que provoca que estemos hablando de estos síntomas, la falta de un público fiel a las películas de animación creadas en este país. 

Sin embargo, en los últimos años, el cine de animación español cobra cada vez más fuerza. Así, si desde 1945, cuando se realizó el primer largometraje de animación en España, hasta 1985 únicamente se habían realizado diez producciones, cabe señalar que desde el año 2000 la cifra ha aumentado a cinco por año y las nuevas tecnologías se han aliado con el talento de los creadores para formar auténticas obras de arte como Planet 51 que contó con un presupuesto de 60 millones de dólares, lo que la convierte en el filme más caro de la historia del cine español. 


La Fundación Caja Castellón-Bancaja sigue programando a través del ciclo Hucha Animada en el que se han exhibido algunas de las mejores producciones del cine español de animación. A partir de ahora se amplía su ámbito al cine europeo. Por eso, el próximo viernes, a las seis y media de la tarde tras El Cid: La leyenda; Pérez, el ratoncito de tus sueños, Donkey Xote, El Patito Feo y yo, Dragones: destino de fuego, Rebelión en la isla, y tantas otras, la Fundación Caja Castellón programa la producción europea La profecía de las ranas, una original fábula animada premiada en el Festival de Berlín recomendada para todos los públicos que nos demuestra que todos los animales pueden pasar cuarenta días y cuarenta noches de lluvia dentro de una gigantesca arca aunque sea comiendo 28 toneladas de patatas. ¡Ahí es nada!


martes, 8 de mayo de 2012

La mediocridad como logro


Conocimos a Clara en Bucarest. Está a punto de terminar sus estudios en un instituto bilingüe de la capital y ya planea matricularse en la universidad para estudiar periodismo. Clara llegó a Castellón con cuatro años y durante los siguientes diez solo volvió a su país de vacaciones. A partir de los catorce años la vida se hizo difícil y le obligó a madurar, probablemente, antes de tiempo. Sus padres estaban trabajando todo el día para sacar adelante a la familia y ella sola no podría responsabilizarse del cuidado de su hermana menor y seguir estudiando, por lo que tuvo que regresar a Rumanía donde residen con un familiar. De entre todas las cosas que hablamos con ella nos llamó poderosamente la atención su visión de lo que significa el esfuerzo académico: “En España sacaba un tres y me quedaba tan feliz, todo me daba risa. Es más, si sacaba un cero se lo enseñaba a toda la clase como si fuese un triunfo. En Rumanía, sin embargo, si sacas esa nota se burlan de ti y escondes el examen porque te da vergüenza que tus compañeros lo sepan. Yo misma me pasaría todo el día llorando. En Rumanía si sacas un ocho no haces otra cosa que ver cómo puedes convertirlo en, al menos, un nueve y medio. Porque todo lo que no es esa nota representa el fracaso y el fracaso no es un valor que se pueda considerar como positivo”. 

Me quedé con esta observación y no pude más que compartirla con amigos profesores. Pero este punto de vista que a mí me parece tan singular, para mí sorpresa es algo común para ellos, el pan de cada día. Parece ser que el fracaso escolar, algo que preocupa y alarma a padres y profesores parece no generar la misma angustia ni inquietud en algunos estudiantes, que se toman a risa cuando, en su aula ante sus compañeros, reciben un cero mondo y lirondo. Lo que en mi época se llamaba un monumental rosco. Porque, como me comentan varios profesores, hoy en día si hay algo que esté mal visto para el resto de tus compañeros es que saques buenas notas. El raro de la clase es el que las aprueba todas y puede llegar a ser objeto de burlas.

No sé cómo explicar esta situación. Es cierto que los profesores en la actualidad tienen una preparación infinitamente mejor que los que yo tuve, por eso no deja de sorprenderme que entre sus estudiantes pueda llegar a reinar la idea de que si eres mediocre, te salvas. Que no sea necesario plantearse mayores esfuerzos o que no tengan claro que el hecho de estudiar sea un valor. A lo mejor es que la excelencia por sí misma -aquello de hacer las cosas bien- desafortunadamente ha dejado de serlo.

domingo, 6 de mayo de 2012

La venus negra


Joséphine Baker nació en 1906 en Saint Louis (Missouri). Como tantas otras personas de raza negra de su generación fue víctima del segregacionismo y pasó su infancia trabajando como empleada doméstica y niñera para colaborar en la humilde economía de su familia.

A los 16 años se convirtió en bailarina. Sin embargo, como le ocurriría en más ocasiones, la barrera del racismo le restó méritos, siendo rechazada como artista por ser demasiado oscura. Pero nada detuvo a esta mujer que luchó toda su vida por aquello en lo que creía. Así, gracias a la combinación de talento y belleza se ganó al público parisino, ávido de exotismo, y en sólo tres meses consiguió un primer papel en el célebre teatro Folies Bergère. No solo se convirtió en la estrella más aclamada y mejor pagada de toda Europa, sino que rivalizó con Gloria Swanson y Mary Pickford por ser la mujer más fotografiada de todo el mundo. 

Su voz privilegiada para el jazz, un sensual cuerpo que mostraba con orgullo levemente cubierto con extravagantes trajes, y una verdadera aptitud para la danza, fueron la explosiva fórmula con la que Joséphine haría historia. Y todo ello a pesar de ser despreciada por su propia gente, que consideraba inaceptable que una mujer negra alcanzase tan gran éxito. 

Sin embargo, la que fuera musa de genios de talla universal como Scott Fitzgerald, Pablo Picasso, Le Courbusier, Georges Simenon, Frida Kahlo o Ernest Hemingway que la consideró "la mujer más sensacional que nadie haya visto ni verá jamás", lejos de deslubrarse por la vanidad del éxito lo utilizó para luchar por la integración y contra la discriminación racial. Si en sus espectáculos exigía que el público estuviera integrado, en su vida privada fue una activa colaboradora de la Resistencia Francesa, una labor desconocida para muchos y que habla de los principios de la artista y de su compromiso contra el nazismo. Y también adoptó doce niños de etnias diferentes con los que viajó por Estados Unidos y Francia para mostrar su felicidad en familia a pesar de las diferencias. 

Admiramos pues a la Joséphine Baker de inconfundible talento artístico, pero valoramos sobre todo su infatigable lucha en contra del racismo y por la libertad de las personas. Ya en 1927 decía la propia Joséphine: “En verdad soy célebre, mi cabeza y mis muslos están en todas partes y sin prejuzgar digo que el cielo me ha dado ‘muslos inteligentes’. Cumplo muy bien con mi contrato en el escenario pero ¿cumplo con el de la vida, con ese contrato que me está asignado en alguna parte, mi contrato de ser humano? La pregunta me aprieta el corazón”. Así fue Joséphine Baker, el emblema de la mujer moderna que con su permanente rechazo a la injusticia nos dejó un legado que trasciende la esfera del espectáculo.