domingo, 27 de enero de 2013

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote


Todo viene de los libros. "Lee y conducirás, no leas y serás conducido". Inevitable recordar estas palabras de Santa Teresa frente a los que se enorgullecen de no haber leído un libro en su vida mientras se jactan de que ni falta que les ha hecho o los que, en el colmo del desdén, reconocen comprarlos a peso. Seguidores sin saberlo de Sartre, que afirmaba que el mundo podría existir perfectamente sin la literatura y desconocedores de que los libros son el tesoro de los remedios del alma porque curan de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás.

Ninguno de nosotros nos pareceríamos a lo que somos de no haber tropezado en algún momento con el libro que nos cambió la vida y que ha contribuido a convertirnos en lo que somos. Porque es indiscutible que la naturaleza íntima y personal de la experiencia de la lectura y del contacto con los libros marcan nuestras vidas. Probablemente por eso, a los esclavos, en el sur de Estados Unidos, se les prohibía por ley que leyesen. Y en muchas culturas a las mujeres se les ha prohibido escribir y aún en gran parte del mundo sus familias no quieren que vayan a la escuela, porque las educan para ser criadas y esclavas de sus maridos. Un libro prohibido te puede costar la libertad, precisamente porque te la ofrece, porque te abre una ventana al mundo. Porque en los libros están todas las pasiones, todas las respuestas y ejercen sobre nosotros una irresistible atracción. Por eso, al leer el mundo desaparece. Por eso, también, afortunados aquellos que han probado ese placer secreto, esa emoción y esa aventura. 

Santiago Posteguillo, llega a la Fundación Caja Castellón el próximo miércoles con “La noche en que Frankenstein leyó El Quijote”, donde muestra su amor por la literatura, y un buen puñado de historias muy curiosas y heterogéneas en la de descubrirnos qué se esconde detrás de las páginas de los libros que leemos. Conocemos la historia impresa en las mismas, pero no todos los secretos que hay detrás ni el camino que tuvieron que recorrer para llegar a nuestras manos. Así pues nos da a conocer muchas de esas curiosidades que cambiaron el curso de la literatura. Y lo hace de una forma a la que es imposible resistirse, incluso aunque ya se conozcan los hechos narrados. 

Entre enigmas, preguntas con o sin respuesta, curiosidades y casualidades se escribe también la historia de la literatura como deja claro la sugerente recopilación de piezas que nos ofrece referidas a la vida, los caprichos y genialidades, las miserias y también aquello que hay detrás de las obras de, entre otros, Alejandro Dumas, James Joyce, el autor anónimo de El lazarillo de Tormes, Sir Walter Scott, José Zorrilla, Mary Shelley, Jane Austen, Fiódor Dostoievski, Rosalía de Castro, Benito Pérez Galdós, Arthur Conan Doyle, Raymond Chandler, Franz Kafka, J.R.R. Tolkien, Antoine de Saint-Exupéry, Alexander Solzhenitsyn, Julio Verne, Anne Perry, William Burroughs o J.K. Rowling. 

¿Quién escribió las obras de Shakespeare? ¿Qué libro perseguía el KGB? ¿Qué novela ocultó Hitler? ¿Quién pensó en el orden alfabético para organizar los libros? ¿Qué autor burló al índice de libros prohibidos de la Inquisición? Estos y otros enigmas literarios encontrarán respuesta la tarde del próximo miércoles en el Salón de Actos del Edificio Hucha de la Fundación Caja Castellón. Gracias al ciclo “Condición Literal” y a “La noche en que Frankenstein leyó el Quijote” podremos realizar un viaje en el tiempo por la historia de la literatura universal de la mano de Santiago Posteguillo, uno de los novelistas históricos más reconocidos por la crítica y el público de los últimos años. Y un profesor de literatura, de la Universitat Jaume I de Castellón… poco convencional. 

Santiago Posteguillo ha conseguido con sus novelas históricas hacernos viajar en el tiempo. Ahora, en “La noche en la que Frankenstein leyó el Quijote” poco importa que ya conozcamos lo que nos cuenta porque, nos propone una tarde en torno a algunos de los temas que siempre están de actualidad en el mundo de la literatura y para desvela secretos muy guardados sobre libros y autores esenciales.





sábado, 19 de enero de 2013

Parece difícil, ¡pero no lo es!


Afirma el actor Ángel Llàcer que para ser una estrella, en el sentido de ser excelente en lo que haces, no es necesario tener una genialidad innata, sino trabajar más que los demás. Pero además habría que añadir, en su opinión, la coherencia, el talento, la personalidad, la empatía y la diversión. Todo con la única finalidad de disfrutar de la vida y ser feliz. En su caso, sacar lo mejor de sí mismo, enfrentarse a los miedos personales, desarrollar la empatía, esforzarse y trabajar duro son algunas de las claves que han hecho de él uno de los artistas más polifacéticos de la escena y la televisión. Son las claves que nos propone para alcanzar el éxito. 

Pocos son los que saben que Ángel Llàcer (Barcelona, 1974) abandonó una prometedora carrera de dirección de empresas en ESADE por la incertidumbre que le creó el teatro. Pero su formación como actor, la experiencia que ha obtenido en la dirección teatral, sus dotes para la docencia y el acusado sentido del espectáculo que manifiesta, han hecho que desarrolle con éxito su carrera tanto en las artes escénicas como en el panorama audiovisual. Conocido por el gran público desde 2001 por su participación en programas de televisión como “Operación triunfo”, “Tú sí que vales”, o “Tu cara me suena”, Llàcer ha simultaneado siempre la televisión con la dirección e interpretación teatral. 

¿Quién no ha querido ser alumno en sus clases? Pues ahora, el próximo miércoles tenemos la oportunidad de intentarlo. Será en la Sala Bancaja San Miguel (calle Enmedio, 17) de la Fundación Caja Castellón. Porque, en Parece difícil, ¡pero no lo es!, título también del libro que acaba de publicar, nos ofrecerá algunas fórmulas no magistrales para encontrar nuestro propio éxito, tendremos la oportunidad de compartir reflexiones y anécdotas personales del conocido presentador que se despoja del personaje público que podemos ver en televisión y nos muestra su faceta más íntima, en un diálogo de tú a tú y explicándonos abiertamente lo que a él le ha funcionado en la vida para sentirse bien. 

De todos modos, que nadie espere la llegada de la varita mágica. En la vida no hay dos caminos iguales. Por lo tanto no hay recetas. Así que Llàcer únicamente pretende poner sobre la mesa una serie de reflexiones sobre el amor, la amistad, el trabajo, el éxito, el talento, la televisión, el teatro y la vida en general para que podamos pasar un buen rato con una finalidad altruista: ayudarnos en la medida de sus posibilidades a reflexionar sobre nuestros valores y sobre lo que consideramos una vida de éxito. Una tarde entretenida, pues tiene claro que la máxima incuestionable del show busines de que “no se puede aburrir” debe poderse aplicar a la vida en general, pues si algo hay que no soporta, además de la injusticia, es el aburrimiento. ¡La vida no puede ser aburrida!. La tarde del próximo miércoles seguro que tampoco lo es. El próximo miércoles, tú eres el jurado y decidirás si lo ha conseguido o no. Parece difícil, ¡pero no lo es!

miércoles, 16 de enero de 2013

Regusto de insatisfacción


El padre de Polo se dedica a la limpieza. Muchas veces Polo le echa una mano después del colegio, sin que nadie se entere, para que pueda volver antes a casa. Su madre ni se cuida ni da palo al agua en todo el día, así que se pasa el tiempo viendo la tele y haciendo sudokus con solución anexa. Y luego, además, está su hermana, que trabaja de protésica ungular, o sea, que hace la manicura. Es muy blanca de piel y, aunque le hubiese gustado ser negra, lo único oscuro que tiene es la reputación. 

Polo quiere a su padre, pero le cuesta admirarlo porque, aunque sabe que no debiera, se avergüenza de él. Verlo anulado mientras intenta aguantar el tipo con tan poca dignidad le carcome por dentro y le ulcera el corazón. No puede evitar ver en él la existencia superflua y vana de alguien que no es más que un cero a la izquierda. Y no soporta en general, ni de su padre en particular, la obscena costumbre de reducirlo todo al sexo para hacer el chiste de turno que suscita risillas viciosas. Como tampoco entiende la frasecilla de su madre de que no tienen de qué quejarse. Esos comentarios le importan un pimiento. Les falta sal. Siempre. Todo el tiempo. Así que Polo todos los días recibe una doble indigestión: una de ácidos grasos saturados en el plato y la que le da su familia. Lo que le gustaría es una apariencia de vida familiar, cultivarse, tener su particular manera de pensar y sus propias ideas. 

Aunque Polo sea solo un emotivo personaje de ficción creado por Saphia Azzeddine para la novela “Mi padre es mujer de la limpieza” eso no evita que lo sintamos diferente a su familia y ajeno al ambiente desestructurado en el que vive. Es como el dramaturgo John Galsworthy, un hombre de epidermis fina condenado a vivir entre hombres de epidermis gruesa, representa la esencia de la educación y la sensibilidad como abismo infranqueable. 

Pero, ¿se puede salir de esa vida pequeña de la que es tan difícil escapar? Es posible, como decía Flaubert, que uno más que labrar su destino, lo aguanta. Por eso Polo siente que forma parte de los no aprobados de nacimiento, de los que no tienen porvenir alguno; que, aunque sueñe con una vida mejor y pertenecer a algo, será siempre Polo el feo. 

Yo, sin embargo, espero que no sea así.



lunes, 14 de enero de 2013

La buena educación


Más de treinta años de experiencia avalan la trayectoria profesional de María Jesús Álava Reyes, licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, experta en Psicoterapia por la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos, Máster en Psicología Pedagógica, Especialista en Psicodiagnóstico, Máster en Dirección de Recursos Humanos y Especialista en Coaching Ejecutivo. Estas son sólo algunas de las aptitudes que le han merecido ser considerada una de las «Top 100 Mujeres Líderes en España 2012», ocupando la primera posición en la categoría de Pensadoras y Expertas. 

Gracias a La inutilidad del sufrimiento, uno de sus mayores éxitos editoriales, muchos lectores siguen pudiendo reflexionar sobre la facilidad con la que sufrimos o, por decirlo de otra forma, ¿cuánta vida se nos escapa sufriendo?, ¿cuánta energía desperdiciamos?, ¿cuántas ilusiones y esperanzas tiramos?, ¿cuántas ocasiones perdemos?, ¿cuántas alegrías ahogamos?... De ahí que se inevitable plantearnos si hay justificación a tanto sufrimiento, si la vida es tan difícil y la felicidad tan imposible, si de verdad nos creemos que nuestro destino es sufrir o acaso estamos «aquí» para pasarlo mal. Casi nadie, al menos en nuestra sociedad occidental, contestaría de forma afirmativa a estas preguntas, pero lo cierto es que demasiadas personas parecen actuar como si creyeran en un destino fatalista de la vida. 

Tras La inutilidad del sufrimiento otra de sus publicaciones Recuperar la ilusión nos permitió reflexionar sobre todo aquello que no se puede comprar: cómo ser más flexibles, más generosos, más pacientes, más comprensivos, más humanos o más sabios con el objetivo, en definitiva, de ser mejores personas. Si se sufre cuando no sabemos amar, ni amarnos y si no hay nada que justifique ese encadenamiento, ese sufrimiento «tan inútil como prolongado», vamos a tratar de aprender cómo controlar nuestra vida de modo que podamos encaminarnos mejor hacia la ilusión y no hacia el sufrimiento. 

En su último trabajo, La buena educación”, María Jesús Álava Reyes ha formado equipo con Susana Aldecoa –actual directora del Colegio Estilo– para reflexionar de educación, «ese proceso que no termina nunca», como afirmaba Josefina Aldecoa, maestra, pedagoga y fundadora del colegio, inspirado en los principios de la Institución Libre de Enseñanza. Así, entre otros aspectos, nos detalla numerosos secretos del oficio de educar; aquellos principios básicos que no hay que olvidar (autodisciplina, motivación, placer de descubrir, capacidad de convivencia…); directrices para aprovechar y desarrollar la inteligencia; los límites y los recursos, siempre necesarios en los niños, que les faciliten su futuro crecimiento como personas, que les permitan superar las dificultades y aprender de las adversidades y frustraciones, que les potencien su capacidad para experimentar alegría y felicidad… Una interesante reflexión sobre el valor de la educación, de cómo enseñar con libertad y compromiso para llegar a convertirnos en adultos felices. En educar para saber vivir. 

El próximo viernes, 18 de enero, a las 19,30 horas, María Jesús Alava Reyes presentará La buena educación en el Salón de Actos del Edificio Hucha de la Fundación Caja Castellón, a las 19,30 horas, dentro del ciclo de charlas-coloquio “Femenino Singular”. Una oportunidad para conocer la importancia del desarrollo armónico de la persona con el objetivo de hallar la clara apuesta para que seamos las personas que queremos ser.


Imagen: Enduring Values, de Steve Lambert.

domingo, 13 de enero de 2013

El límite es tu reto


Una de las conclusiones de "No sé dónde está el límite, pero sí sé dónde no está", el último libro del ultrafondista y day trader Josef Ajram es que no tener objetivos en la vida es como no tener nada. Es lo que defiende este auténtico profeta del esfuerzo, que encontró su límite en La Gomera en el mes de mayo de 2012 cuando una deshidratación producida por la calima le impidió el reto de acabar siete ironmans seguidos durante siete días consecutivos. Un duro golpe y una lección de humildad para alguien que consideraba estar en su mejor momento y que no se había preparado para afrontar situaciones contrarias a sus objetivos. Ajram afirma que los malos momentos no son algo más que la antesala de algo mucho mejor que está por llegar, que por eso ahora esta completamente impaciente por volver a intentarlo y que, aunque no pasa un día en el que no se acuerde de todo lo sucedido no para de buscar cómo hacer las cosas de otro modo para corregir posibles errores.

Parece difícil levantarse cuando sientes que las circunstancias o uno mismo no han estado a la altura de lo esperado. Y es ahí donde curiosamente encuentra Ajram que su caso personal guarda cierta similitud con la historia reciente de muchísimas personas que absorbidas por esta crisis que nos envuelve han visto como su vida ha caído de repente en picado hasta convertirse en la sombra de lo que era. Es aventurado afirmar que bebieron, como él, de los buenos momentos sin tener en cuenta que el grifo diría basta tarde o temprano. Pero Ajram nos recuerda que no hay que regodearse en la desgracia ni buscar excusas, sino que más bien es el momento de pasar al siguiente paso, el de la construcción del futuro y de aprender la lección de que no hay que desgastarse innecesariamente.

El límite es, en definitiva, siempre el próximo reto. Tener una meta es lo que te hace disfrutar. De lo contrario, la existencia pasa a la deriva, sin un rumbo fijo y pasamos a vivirla soporíferamente movidos por la inercia. Si como dicen la vida son dos días, en lugar de quejarse más vale levantarse y volver a intentarlo con más fuerza. O aferrarnos al postulado de Ajram: “no sé dónde está el límite, pero sí dónde no está”. 


sábado, 5 de enero de 2013

¡Oh no, Lucas!

 

Tras su brillante debut con Un poco perdido Chris Haugton vuelve con ¡Oh no, Lucas! un nuevo álbum ilustrado para primeros lectores, publicado como el anterior por la editorial santanderina Milrazones. Con originalidad y frescura pero de una manera divertida y sencilla nos da a entender que como individuos en sociedad debemos respetar ciertas pautas de convivencia en beneficio de todos. Y es que, como afirmaba Martin Luther King, aunque hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, a veces no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos. 

Es lo que en cierto modo le ocurre a Lucas, un perro de grandes y expresivos ojos cuyo dueño Quique intenta que se porte lo mejor posible. Un can adorable y muy simpático. Pero cuando nadie le ve no puede ceder a su instinto aún a sabiendas de que se está portando mal y que después los demás cargarán con las consecuencias. Es verdad que luego vendrá el arrepentimiento y las buenas intenciones de no volver a caer en los mismos errores. Pero eso ya es harina de otro costal. 

Empatizamos con Lucas, tan parecido a cualquiera de nosotros, incluso nos parece entrañable porque plantea un dilema al que nos enfrentamos grandes y pequeños: ¿qué hacemos cuando la tentación se presenta? Por eso cuando vemos que Lucas va a volver a las andadas no podemos evitar preguntarnos por qué hay que ser responsables todo el tiempo. 

La cuestión es que somos como somos y aunque estamos llenos de buenas intenciones también es cierto que a veces nuestra naturaleza es más fuerte que nuestra propia voluntad. Sin embargo, mala pauta sería la de dejarnos caer en la tentación por no poder resistirnos a ella. Por eso, como la mejor manera de decir es hacer, de momento doy mi palabra de que me portaré de la mejor manera. Y, aunque intentarlo lo intentaré, ya se sabe que del dicho al hecho... 

¿Acaso son los buenos deseos una garantía suficiente?

viernes, 4 de enero de 2013

Una de modales


En la vida de hoy en día parece que todo vaya encaminado hacia los grandes gestos, que lo importante son las heroicidades, que solo las acciones muy visibles y muy espectaculares son las que van a cambiar el rumbo de nuestra vida... y a mejorarla. Creemos que un incremento sensible de nuestro sueldo o un notorio ascenso profesional hará que nuestra vida sea otra, que nuestra existencia brillará más y mejor en una casa mucho más grande y aparente, y que gracias a todo eso nos sentiremos finalmente plenos. Pero no. Al final, parece ser que no es para tanto. Que no es así.

Este mes, en el que se cumplía el 150 aniversario de la llegada del tren a Castellón, miles de castellonenses han visitado la exposición conmemorativa que la Fundación Caja Castellón ha programado en la Sala Bancaja San Miguel con la colaboración de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Castellón y la Federación de Amigos del Ferrocarril de la Comunidad Valenciana. He pasado algunas tardes repartiendo tíquets de tren conmemorativos al público que venía a ver la exposición. De entre todas estas personas, hay gente que no sé si llega o no a verte, sigue a su paso, atraviesa el portal de la sala y ni se percata que les has tendido el brazo con una sonrisa para darle este recuerdo en señal de bienvenida. Como si el tiempo se congelase, te quedas con la sonrisa en la boca y el tíquet en la mano. Otros, en cambio, si que te ven, con “el tercer ojo”, porque siguen a su ritmo, hablando con quien les acompañe o ensimismados en sus pensamientos si van solos. Simplemente extienden el brazo, y cogen el tíquet sin mirarte ni decir nada. Lo mismo les daría que les des un tíquet que un billete de 500 euros. Y finalmente están los que se detienen un momento, te miran, te sonríen y preguntan qué es lo que les ofreces. Son precisamente los mismos que al salir dan las gracias por lo que han visto, por el rato que han pasado allí dentro recuperando alguno de sus recuerdos y mirándote a los ojos vuelven a sonreír amablemente mientras se marchan.

Por lo que a mí respecta, simplemente estaba allí haciendo una parte de mi trabajo y no para que me agasajen. Ni falta que hace. Pero esos sencillos gestos de amabilidad han hecho que las tardes que he pasado, en compañía de Juan Peris, compañero en las lides ferroviarias, repartiendo tíquets y recogiendo sonrisas y gracias, me he marchado a casa con una sensación de bienestar que no había sentido antes. Es el producto de la cortesía, de la amabilidad. Como individuos en sociedad es lo que toda la vida hemos entendido por “la buena educación”. ¡Si es que no hace falta nada más!