sábado, 20 de abril de 2013

GEO·METRÍAS: Cartografías en la Sala Bancaja San Miguel de Castellón


Durante todo el mes de mayo la Sala Bancaja San Miguel de la Fundación Caja Castellón abre sus puertas al público para ofrecernos la posibilidad de disfrutar de la exposición “GEO·METRIES, Cartografias de los fondos del IES Francesc Ribalta de Castellón”. Se trata de una muestra que, tomando el título a partir del significado etimológico de la palabra geometría, es decir, medida de la Tierra, nos ofrece un recorrido general y didáctico por la historia de la cartografía y de la agrimensura, prestando especial atención a la de Castellón. 


El Instituto Ribalta es uno de los monumentos más singulares y representativos construidos en Castellón durante el periodo de la Restauración (1875-1931); un edificio que, a vista de propios y extraños, destaca por sus dimensiones y por la nobleza de su arquitectura. Pero es mucho más que eso. Es también uno de los centros de educación más representativos de la ciudad, con una tradición docente ya casi centenaria y en el que numerosos castellonenses han encontrado la formación adecuada para su futura proyección personal y profesional. De hecho, los materiales expuestos pertenecen mayoritariamente a los fondos históricos del Instituto, conservados gracias al interés de generaciones de docentes que en todo este tiempo los han enriquecido y documentado. 


La exposición se articula en torno a dos ámbitos. Por una parte “GEO”, que nos introduce al conocimiento de los mapas, empezando por los más antiguos conservados en el Instituto, pertenecientes al primer tercio del siglo XX, hasta llegar a la cartografía actual. Así, podemos apreciar en las diferentes representaciones curvas de nivel, tintas isométricas mapas geológicos, temáticos y topometrías. 

Por otro lado, “METRÍAS” aborda las medidas, su unificación y aplicación práctica en la cátedra de Agrimensura del antiguo Instituto. Como ejemplo se expone una selección de los trabajos realizados por los alumnos matriculados en Agrimensura, que por entonces se cursaba en el centro. Podemos ver planos de la ciudad de Castellón y su entorno del siglo XIX, así como las herramientas de medida que era necesario utilizar para la realización de los planos que se pedían como proyecto de final de carrera. Además, se incluye también en la exposición alguno de los instrumentos utilizados actualmente para hacer estas medidas. 

Se completa el discurso expositivo con piezas antiguas de carácter científico procedentes del Instituto Geográfico Nacional, de la Direcció de l'Escola Tècnica Superior d'Enginyeria Industrial de Barcelona (ETSEIB) y del Institut Cartogràfic de Catalunya


Una exposición en definitiva organizada desde la conciencia de la importancia del conocimiento de la visión del pasado de la ciencia y su plasmación en nuestra provincia. Un homenaje también a las personas que ofrecen su trabajo responsable y dedican lo mejor de su vida, su dedicación vocacional. Un homenaje asimismo a los estudiantes que pasaron, pasan y seguirán pasando por las aulas. Y una muestra que nos permite, además, recordar a los antiguos alumnos las cosas que vieron, practicaron, e incluso contribuyeron a montar en otro tiempo. Finalmente es la oportunidad de ofrecer a los jóvenes, y al público de Castellón en general, una experiencia pedagógica, histórica y estética, tanto por los materiales expuestos, como por su disposición cronológica y por el nivel de las explicaciones ofrecidas. 

viernes, 19 de abril de 2013

Nuestra mente maravillosa


Probablemente no es tan fácil definir qué es la felicidad. No todos la encontramos en las mismas cosas, ni la vivimos de la misma manera. En lo que sí coincidimos es en el hecho de que la perseguimos como una meta o un fin en nuestra vida, como un estado de bienestar ideal y permanente al que llegar. Finalmente, parece ser que la felicidad se compone de pequeños momentos, de detalles vividos en el día a día, y quizá su principal característica sea la futilidad, su capacidad de aparecer y desaparecer de forma constante a lo largo de nuestras vidas. 

Otra de las controversias en torno a este tema es dónde buscar la felicidad, si en acontecimientos externos y materiales o en nuestro interior, en nuestras propias disposiciones internas. Es difícil responder a esta cuestión. Porque la felicidad, concepto con profundos significados, incluye alegría, pero también otras muchas emociones, algunas de las cuales no son necesariamente positivas (compromiso, lucha, reto...). Así, es la motivación, la actividad dirigida a algo, el deseo de ello, su búsqueda, y no el logro o la satisfacción de los deseos, lo que produce en las personas sentimientos positivos más profundos. 

Ahora, en plena época de crisis, rodeados de circunstancias adversas que nos hunden en el barrizal del negativismo del que tanto cuesta sacar los pies, reivindicar la felicidad es un reto complicado. Es posible, por ello, que en nuestros días no haya deber que descuidemos tanto como el de ser felices. Sin embargo, late en nosotros la capacidad de crear, de hacer, de superar, de lograr, de ser felices y hacer felices a los demás. Pero hay algo que no podemos olvidar: aunque la mente maravillosa nace, el fruto se hace. Es lo que defiende el experto en estimulación y motivación de la inteligencia Fernando Alberca. Nos recuerda que todos tenemos una mente maravillosa capaz de acercarnos a la felicidad. Es necesario pues conjugar la cabeza y el corazón. Así, conseguirla está en nuestra mano. 

La tarde del próximo miércoles Fernando Alberca viene a Castellón, invitado por la Fundación Caja Castellón a presentar “Nuestra mente maravillosa: Cómo desarrollar nuestras capacidades para ser felices” en el ciclo de charlas-coloquio “De Razones y Hombres”. Un trabajo publicado recientemente que ha merecido ganar la sexta edición del Premio de Hoy de ensayo. 

Las tesis teóricas de Fernando Alberca hay que saberlas aplicar. Ahí está la mayor dificultad. El único experto en el cerebro no es solo el médico, también lo son los filósofos, los artistas y los creadores”, defiende. “Nuestra mente”, asegura el profesor, “es fantástica, mucho más de lo que pudiéramos sospechar y más en este siglo XXI en el que necesitamos más que nunca ser optimistas. Podemos ser, gracias a la mente, mucho más felices de lo que nos imaginamos”. Las recetas o herramientas para conseguir esa felicidad ya es cosa de cada cual. Lo que Alberca advierte es que una de las claves es la búsqueda de lo extraordinario en lo ordinario, en racionalizar las emociones y emocionar las razones. “Todo es posible, palpable y pequeño”, añade el profesor cordobés. 

La felicidad es la meta de cualquier persona y son los caminos que se toman para alcanzarla lo que diferencian a unos y otros. Fernando Alberca nos explicará este miércoles cómo funciona el cerebro humano, partiendo de la base de que la felicidad está en la mente de cada uno, y para alcanzarla el cerebro puede entrenarse para ser felices. La pregunta es cómo conseguirlo. Esa es la cuestión, porque como decía John Locke “Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”.

sábado, 13 de abril de 2013

No sé dónde está el límite, pero sí sé dónde no está


Una de las conclusiones de No sé dónde está el límite, pero sí sé dónde no está, el último libro de Josef Ajram es que no tener objetivos en la vida es como no tener nada. Es lo que defiende este auténtico profeta del esfuerzo, que encontró su límite en La Gomera en el mes de mayo de 2012 cuando una deshidratación producida por la calima le impidió el reto de acabar siete ironmans seguidos durante siete días consecutivos. 

Un duro golpe y una lección de humildad para alguien que consideraba estar en su mejor momento y que no se había preparado para afrontar situaciones contrarias a sus objetivos. El aprendizaje que extrae de esta mala experiencia es que los malos momentos no son algo más que la antesala de algo mucho mejor que está por llegar, que por eso ahora está completamente impaciente por volver a intentarlo y que, aunque no pasa un día en el que no se acuerde de todo lo sucedido, no para de buscar cómo hacer las cosas de otro modo para corregir posibles errores. 

Quien afirma esto es Josef Ajram. Recuerda que desde muy pequeño siempre supo lo que quería hacer y lo que no en la vida. Si le incorporamos la premisa de confiar en la disciplina y en el cálculo en lugar de dejarlo todo en manos del azar o la suerte se da con la pauta que ha guiado su comportamiento en una vida que ha transcurrido entre dos mundos. Por un lado, el de la Bolsa, donde es day trader, puro vértigo y adrenalina. Y por otro, el deportivo, donde se apunta a las pruebas más exigentes y extremas del ultrafondo. Dos mundos aparentemente opuestos que reclaman constancia, dinamismo, disciplina y cálculo para medir posibilidades. 

¿Dónde está el límite? Ajram se la juega cada día, con ambiciones y objetivos, agotando todos los recursos necesarios para hacer realidad los retos que se propone ya que, nos recuerda, el conformismo es una trampa en la que no hay que caer. Su filosofía no es ganar, sino sentirse bien con su rendimiento, luchando contra sí mismo y ver hasta dónde se puede llegar. Y, aunque parece difícil levantarse cuando sientes que las circunstancias o uno mismo no han estado a la altura de lo esperado, Ajram nos recuerda que no hay que regodearse en la desgracia ni buscar excusas, sino que más bien es el momento de pasar al siguiente paso, el de la construcción del futuro y de aprender la lección de que no hay que desgastarse innecesariamente en lo que no conduce a nada. 

El límite es, en definitiva, siempre el próximo reto. Tener una meta es lo que te hace disfrutar. Si como dicen la vida son dos días, en lugar de quejarse más vale levantarse y volver a intentarlo con más fuerza. O aferrarnos al postulado de Ajram: “no sé dónde está el límite, pero sí dónde no está”. 

Por eso, para los que deseen seguir buscando dónde está el límite, Josef Ajram viene a Castellón para compartir con nosotros su meteórica carrera que tan sólo acaba de comenzar. La tarde del próximo martes la Fundación Caja Castellón nos ofrece la oportunidad en el Salón de Actos del Edificio Hucha de descubrir que lo realmente importante es la calidad de vida y tener la sensación de que el tiempo no pasa a la deriva, gozando de cada etapa y cada momento. Ese es, desde luego, el verdadero límite.



sábado, 6 de abril de 2013

La felicidad de editar en papel en la era digital


El editor, más allá de la labor técnica que plantea la edición de un libro, desarrolla un cometido social. Es, ante todo, responsable de atender corrientes culturales, busca autores y obras, recibe manuscritos y los repasa, selecciona obras, las prepara, las pública, procura su distribución y difusión adecuadas... Son en definitiva aspectos de una misma ocupación: la de valorar, desechar, elegir y postular. Podría decirse por tanto que el editor es, ante todo, el primer crítico. 

Sin embargo, en este momento de emergencia del libro electrónico y de otros soportes digitales que nos ofrecen nuevas plataformas para la lectura y para la difusión de la escritura, es obligado plantearnos, también, cuál es el papel del editor tradicional. Nadie tiene una respuesta segura a esta pregunta porque el futuro, aunque está ya frente a nosotros, no es predecible. Pero si hay una evidencia es que tras más de cinco siglos de relativa estabilidad, la constante ahora son los nuevos desafíos que plantea el iPad, el Kindle o la blogosfera en Internet, medios en los que no solo se han sustituido las herramientas y los procesos en el ámbito de la edición, sino también las mentalidades. 

El libro sigue, mientras tanto, afianzando su sitio en el mundo virtual. Habrá que ver qué alcance tiene esta forma de publicar. La explosión del conocimiento que auguran los nuevos medios de la era digital supondrá más autores, más obras, más lectores, además de formas más expeditas y masivas de comunicación del saber. Lo que no han traído consigo, probablemente, es una capacidad mayor de asimilación. En esta circunstancia, la función del editor —de valorar y clasificar obras— parece por tanto más vigente que nunca. 

Uno de ellos es Jacobo Siruela. Lector, editor y aristócrata, fundó Siruela a los 26 años, la editorial que marcó tendencia en el mercado del libro, lanzando al mundo ejemplares bellísimos en forma y contenido: ediciones de textos antiguos, casi desconocidos, impresos en magnífico papel, con cuidadas portadas y detalles interiores hermosos y delicados. Desde entonces no ha descansado en su labor para ofrecer buena literatura y recuperar la felicidad de editar. Un trabajo que continúa ahora en la editorial Atalanta. Guiado por el deseo constante de redescubrir el placer por la lectura, la verdadera belleza de la vida, y frente al deseo de ventas masivas, Jacobo Siruela sigue un camino alternativo más cautivador con el fin de revalorizar el arte de las ediciones, prestando especial importancia a cada obra con el objetivo de construir un catálogo artesanal y laberíntico, anclado en la memoria literaria, aunque ello signifique salvar aquello que la vida moderna se empecina en estropear, el trabajo editorial. 

Si la radio no terminó con los periódicos, ni la televisión con la radio, lo ideal es buscar un panorama pluralista, donde todo sirva y donde se saque lo mejor de cada herramienta para enriquecer nuestras sociedades. Para conseguirlo, afirma, uno de los secretos será saber utilizar las nuevas tecnologías y fusionarlas en el trabajo como editores. Pero esta labor no reside en captar nuevos nombres que sean posibles de generar grandes ventas, sino encontrar artistas perdidos y darlos a conocer, autores de libros innovadores y auténticos capaces de ofrecer algo interesante a los lectores. Solo así se logra encontrar títulos que realmente marquen una diferencia. 

Los interesados en saber dónde se encuentra esa diferencia podrán descubrirlo el próximo miércoles, 10 de abril, a las 19,30 horas, el Salón de Actos del Edificio Hucha. La Fundación Caja Castellón abre sus puertas para acoger en el ciclo “Condición Literal” a Jacobo Siruela que nos ofrece una oportunidad indiscutible para contagiarnos su amor por los libros.

miércoles, 3 de abril de 2013

Todo lo que era sólido


Pintoresca vieja Europa es un libro de gran formato recopilado por Rolf Müller con reproducciones de litografías coloreadas y grabados de vistas románticas de ciudades y paisajes que abarcan seis decenios del siglo XIX, siendo los más antiguos de 1810. Un libro para turistas inquietos con pocas prisas que me esperaba un día en mi camino del trabajo a casa, a mediados de la pasada década, apilado junto a muchos otros libros abandonados ante un contenedor de papel a rebosar hasta los topes. Por suerte el libro salió a mi afortunado encuentro, precisamente en aquellos días en los que nadie se agachaba a recoger nada del suelo. 

Lo conservo y lo cuido, de hecho lo abro de vez en cuando porque me explica los lugares de interés artístico, histórico o panorámico que he visitado y a los que quisiera volver o los que espero poder conocer. Lugares intrigantes, misteriosos, mágicos; lugares de culto en el más amplio sentido de la palabra. Lugares extraordinarios que todo curioso viajero debiera explorar porque nos prometen y nos abren las puertas del mundo. Difícil saber por dónde comenzar ante tantos destinos posibles. Los Alpes, las montañas suizas y sus valles. Encantadoras ciudades medievales. El castillo de Neuschwanstein y el mejor París, el de Montmartre, desde donde se llega a un Versalles abandonado por María Antonieta para siempre. Los imponentes acantilados de Dover, los canales y las flores de Amsterdam, Londres y el Big Ben, Le Havre con su puerto donde amarran todos los barcos y Bruselas. Ciudades sumergidas en la bruma, o en el agua, como Venecia, como Brujas... o el miedo, como el que tienen los habitantes de Sicilia cuando el Etna se despierta. Además de museos, como ocurre en todo buen viaje. Sur, este, norte y oeste del viejo continente. Algunos hitos visuales de la civilización europea que nos deja impacientes al saber que todavía nos queda un mundo por descubrir. Todo ello sin salir de casa, en un viaje tan apasionado como complicado, pero sin ansiedad y desde el sofá. 


Este es un poco del espíritu europeo, resultado de la agitación en busca de un impulso hacia adelante, lleno de un dinámico optimismo pese a sensibles reveses y frustraciones. Una emocionante reflexión en estas vacaciones castellonenses, en las que también me acompaña el último libro de Antonio Muñoz Molina, Todo lo que era sólido. Un contundente análisis de la realidad que vivimos que nos aclara por qué también todo esto se desvanece. Y es que al mismo tiempo que fantaseamos con esos viajes sentimos miedo de descubrir que ya no existe lo que creíamos perdurable. Lo que ha sido parte de la conciencia común está desapareciendo, como la memoria de alguien que acaba de morir, pues lo que no se transmite a conciencia se pierde en el paso de una generación a otra. Ojalá no ocurra, porque ningún grabado podrá jamás suplir la ausencia de lo que se ve con nuestros propios ojos. De lo vivido.