jueves, 17 de julio de 2014

Sympathy for the Stones: Sus satánicas majestades llegan a Valencia


Mucho ha llovido desde que el promotor musical Gay Mercader trajo a los Rolling por primera vez a España en un concierto. Era el 11 de junio de 1976. El lugar escogido: la Monumental de Barcelona. Ahora es la Fundación Bancaja la que hasta el próximo 2 de noviembre nos los presenta en “Sympathy for the Stones”, una muestra que coincide con la gira del 50 aniversario de la icónica banda británica. La exposición presenta a este mítico grupo en la clave de la cultura visual contemporánea a través de una selección de más de un centenar de piezas, entre fotografías, obras, carteles, portadas de discos, documentales y fragmentos de algunos de sus conciertos, brindándonos una amplia aproximación a uno de los grupos más emblemáticos y longevos del siglo XX. 

“Sympathy for the Stones” va mucho más allá del culto a las figuras de Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ronnie Wood, fija a través de ellos su mirada en la cultura del rock & roll y la construcción colectiva del mito. Para ello se apoya en imágenes de sus conciertos y ensayos, posando ante las cámaras, junto a carteles, momentos en el backstage, imágenes de las muchedumbres y de las calles durante las giras, así como con personajes célebres como John Lennon y Yoko Ono, Bruce Springsteen, Bob Dylan, Iggy Pop, David Bowie, Eric Clapton, Tina Turner o Andy Warhol, entre muchos otros. 

Cuando The Rolling Stones comenzaron a tocar conciertos en Londres en 1962 era difícil imaginar que una banda de rock duraría tanto tiempo. Sin embargo, este año celebran el quincuagésimo aniversario de su primer concierto en el Marquee Club de Londres el 12 de julio 1962. Conforman pues una amplia trayectoria musical que hace que The Rolling Stones formen parte de la historia de la música y, en concreto, de la historia del rock. No sólo fueron rompedores en sus inicios, sino que han ejercido, y aún lo hacen, una gran influencia en la música posterior con uno de los repertorios más abrumadores de la escena actual. Así cada álbum que los Stones realizaron en la década de los setenta es esencial no sólo para la comprensión de la música de esa época, sino para la comprensión de la era en sí. En su intenso interés por el blues y el R&B, los Stones conectaron con el público joven de Estados Unidos y en poco tiempo se convirtieron en sinónimo de la actitud rebelde de la época hasta llegar a nuestros días, donde siguen demostrando una increíble e intacta capacidad de convocatoria intergeneracional. 

Cada vez más escépticos y desconfiados, acuciados por la imperiosa necesidad de vanguardia y renovación constante, descubrimos que en la era del culto a la juventud los Rolling son la evidencia de que no hay que ser joven para tocar rock and rol y que el paso del tiempo no es óbice para dedicarse a aquello que uno desea. Los años pasan pero ellos siguen haciendo lo que más les gusta: tocar en directo y ofrecer un gran espectáculo gracias al trabajo de un grupo que es mucho más que la voz de un solista, la evidencia de que cuando todas las partes se aúnan el resultado es mucho más grande. Es pura dinamita. 

Los mitos son subjetivos, insalvablemente subjetivos, como el amor. Por eso, tantas veces no dura. Los mitos podrían ser, tal vez, la proyección colectiva del amor, a veces irracional. Pero no es menos verdad que The Rolling Stones, profetas del exceso y apóstoles del star system, son piezas de culto y que, pase lo que pase, nadie quiere escuchar la noticia de que ya no están entre nosotros. ¡Vivir para ver!

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viernes, 11 de julio de 2014

La Virgen del Pilar entre San Jaime y San Pascual


El retablo de cerámica de AlcoraLa Virgen del Pilar entre San Jaime y San Pascual”, considerada como una de las producciones de azulejería más interesantes de cuantas salieron de los hornos de la Real Fábrica de Cerámica de Alcora, será este trimestre de verano la obra invitada del Museo de Bellas Artes de Castellón.

Esta pieza, de inconfundible aire alcoreño, destaca por la singularidad de haber formado parte de la propia historia de la fábrica, ya que se encontraba instalada en su patio de entrada, realzada por un marco rectilíneo de estuco que coronaba una gran venera entre guirnaldas simetrizadas de hojas y flores.

Cuando el Conde de Aranda, uno de los más influyentes y acaudalados miembros de la nobleza aragonesa, en 1727, fundó la Real Fábrica de Loza de su señorío de Alcalatén eligió Alcora porque en ella funcionaban ya 24 hornos de cántaros y tenía cerca excelentes vetas de arcilla. Estaba sentando las bases de lo que llegaría a ser el primer establecimiento industrial, en el sentido moderno, que surgiera en tierras castellonenses. Al mismo tiempo, gracias a la labor de formación técnica y artística llevada a cabo en la propia fábrica con los operarios, vecinos de la villa, se consiguió crear una fuente de riqueza adelantada a su tiempo por sus sistemas de producción y comercialización que anticiparía el futuro desarrollo económico de la comarca.

El propósito del Conde, hombre proclive a los nuevos aires de reforma propios del siglo de las luces, era la implantación en España de las innovaciones que se estaban introduciendo en la loza fina europea dirigida a una clientela aristocrática aunque no cortesana. Posteriormente su hijo Pedro-Pablo se preocupó de conseguir los secretos de la fabricación de porcelana. Todo ello supondría una gran renovación en la hasta entonces decadente cerámica española, que a partir de este momento despertaría, tanto en lo artístico como en lo técnico, gracias a las novedades que Alcora aportaba, con especial incidencia en los obradores valencianos.


En el caso del retablo “La Virgen del Pilar entre San Jaime y San Pascual”, de 126 x 84 cm., podemos contemplar una placa central que muestra sobre un fondo con el río Ebro y la ciudad de Zaragoza, a la Virgen del Pilar entre nubes y querubines, en clara alusión a la condición aragonesa de los condes propietarios. A los pies de la Virgen se encuentran arrodillados el apóstol san Jaime, patrón de España, recuperando la tradición católica de la aparición de la Virgen al apóstol el año 40 para animarle en la prédica por Hispania y solicitarle la construcción de la Basílica del Pilar. A su izquierda aparece representado san Pascual Bailón, no solo también aragonés sino patrono de la fábrica en cuya denominación oficial figuraba. 

La fecha que consta al pie, octubre de 1768, sugiere su colocación coincidiendo con la festividad del Pilar de dicho año y sitúa la obra en la que se ha denominado la “segunda época de Alcora”, entre 1742 y 1798, cuando la fábrica alcanza su plenitud de producción y resultados. Este periodo coincide con la dirección del hijo del fundador Pedro-Pablo Abarca de Bolea, décimo conde de Aranda y célebre ministro de Carlos III, a la que corresponden las características “rocallas” de los azulejos que encuadran la placa. Un estilo, el “de rocalla”, introducido en Alcora por los directores artísticos Julián López (a. 1746-1787) y José Ochando (a. 1727-1772/73) hacia 1748 que perdura hasta 1784. En efecto, las rocallas asimétricas, los entablamentos moldurados de perfil mixtilíneo, los floreros y las perinolas, resueltas con una esplendida policromía, conforman el marco de azulejos que envuelven a la gran placa central. Con respecto a la autoría el Conde de Casal la atribuyó “al más afamado de los Álvaro”, si bien no es posible concretar quién de esa reconocida familia pudo ser, si Cristóbal, Francisco, José o Vicente.

Ante la imposibilidad de alcanzar la viabilidad económica para la fábrica que se encontraba en pleno declive, y necesitados de liquidez, los últimos propietarios María Aicart y Cristóbal Aicart quien fuera diputado y presidente de la Corporación provincial, decidieron venderla en 1944 y sobre ella se edificaron nuevas naves de industrias azulejeras. El panel fue arrancado y adquirido posteriormente por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Castellón. Desde principios de los años 70, con la apertura de la sede central en la calle Cavallers de Castellón presidió el entresuelo del recibidor del primer piso. Fue retirada de la pared con motivo de su exhibición en la exposición “Alcora: Un siglo de arte e industria” organizada por la Fundación Caja Castellón en febrero de 1996. Colocada en el actual soporte fue exhibida nuevamente en la exposición “La Ruta de la Cerámica” en marzo del año 2000, organizada también en la Sala San Miguel. Ahora, y durante todo este verano, quienes no conozcan todavía esta pieza de gran valor estético tienen la posibilidad de hacerlo junto al resto de piezas de cerámica que alberga el museo de la Plana antes de su regreso a la Fundación Caja Castellón donde será nuevamente exhibida con carácter permanente.

jueves, 3 de julio de 2014

El final es allí donde empezamos


Cada mañana cientos de castellonenses atraviesan la plaza del Ayuntamiento y pasan frente a la catedral absortos en sus cavilaciones cotidianas y ajenos al hecho de que a sus pies, más allá de un puro diseño geométrico de baldosas de granito, un laberinto gigante con sus calles y encrucijadas, intencionadamente complejo, busca confundir a quien se adentre en él. Estos días, tras un leve bache en el camino, luce remozado recobrando su simbolismo original. 

La leyenda nos recuerda que el primer laberinto lo diseñó el legendario arquitecto Dédalo para el rey Minos de Creta con el objetivo de mantener preso al Minotauro, la monstruosa criatura engendrada por su esposa Pasifae de su unión con un toro. Teseo, el mítico rey de Atenas logró matarlo gracias a que se adentró en su inextricable trazado de más de mil habitaciones dejando la huella de hilo que le había dado la princesa Ariadna, hermana del monstruo. 

Pero la realidad es que desde mucho antes los laberintos han estado presentes en diversas culturas, épocas y lugares, presentándose siempre como un símbolo ligado a lo espiritual. De hecho, muchos de ellos, ya desde la prehistoria, estaban dibujados en el suelo a modo de trampa con el objetivo, tanto de alejar como de atrapar, a los malos espíritus. Lo mismo ocurría en muchas casas desde tiempos remotos, donde la imagen del laberinto se trazaba en la puerta de entrada como sistema de protección. Pero uno de sus más importantes simbolismos está asociado a los rituales de iniciación, representando la búsqueda del centro personal, del sí mismo del ser humano. Para el encuentro de tan preciado hallazgo se requiere de un ritual iniciático que implica la superación en distintas etapas del camino marcado por el laberinto. 

Durante la Edad Media el laberinto estuvo fuertemente relacionado con el duro camino de los creyentes hacia Dios, el recorrido tortuoso de los caminos enredados y difíciles hasta hallar el centro simbolizaban la participación en los sufrimientos de Cristo. Trazados en el suelo de las catedrales los fieles lo recorrían simulando la peregrinación hacia Tierra Santa. Así, el camino del laberinto representa el peregrinaje, la muerte al hombre antiguo, pecador que vuelve a nacer al hallar el centro. 

En cualquier caso todo laberinto tiene una cualidad hipnótica. Algo abismal arrastra la mirada hacia su interior y basta un descuido para quedar atrapado en sus meandros. Contra lo que pudiéramos pensar, la suerte que tenemos cuando nos adentramos en su interior es que es imposible extraviarse, pues no tiene más que “un camino” que conduce al centro. Mirar la propia vida en retrospectiva puede ser una experiencia semejante. Uno se percata de las vueltas y revueltas que se han tenido que producir para finalmente estar en este lugar preciso. Sin embargo, en nuestro día a día lleno de preocupaciones, lo último que queremos es recrear la sensación de que nuestra vida se desnortó, que estamos perdidos. Vencer el enigma del laberinto y llegar a su centro es lo que nos reconforta. Es entonces cuando las muchas vueltas de la vida y los cambios de dirección finalmente cobran sentido en esta metáfora existencial del caminar por un laberinto: si mantenemos el rumbo -no importan las idas y venidas, lo lejos que parezca todavía-, cada paso nos estará acercando más y más a la meta.


martes, 1 de julio de 2014

Ellos no lo harían


He tenido perro casi toda mi vida. El último fue un pastor belga, Senda, con la que conviví diez años. Al final, estando ya muy mayor, sufría todo tipo de achaques. También manías, que como a nosotros, se le acusaron con la edad. Ya no podía levantarse de un salto cuando al terminar de vestirme por las mañanas le decía el mágico “¡vamos!” que en otros tiempos la hubiese hecho salir disparada de su cama. Así que tenía que ayudarle y ser paciente cuando se detenía camino del pipi-can respirando con dificultad. Tuve que acostumbrarme a levantarme antes para no llegar tarde al trabajo y poder dedicarle todo el tiempo que necesitaba. Su mirada me lo decía todo: que tuviese paciencia, que muchas gracias y que lo sentía mucho. Pero yo nunca se lo reproché. 

Vivir todo aquello me hizo reflexionar sobre la necesidad de armarme de generosidad con los que nos necesitan; de que un día el lento seré yo; que es inevitable y que espero que haya alguien dispuesto a dedicarme su tiempo para que mis últimos días sean tranquilos y dignos.

Hoy mismo, en el ecuador de mis días, dando una mirada rápida a mi muro de Facebook veo la foto de un perro atado a una ventana. Un perrillo faldero que un desalmado de Burriana ha dejado abandonado allí. Al verlo he recordado que cuando yo vivía con Senda me atormentaba pensar cómo podría sentirse si un día en un descuido mío se me perdía por el parque, lo que hubiese sido para ella sentirse abandonada.

Alguien que no tiene escrúpulos en generar dolor a un animal no es de fiar, no es una buena persona. No es algo que admita excusas, es un juicio absoluto. ¿Cómo podemos calificar a quien abandona, ahora que llega el verano, a un animal a su suerte y se marcha a casa tan tranquilo?, ¿Qué responsabilidad podemos dejar en sus manos? Desde luego yo no le dejaría ninguna.

Menos mal que estos días y gracias a Cristina Grau puedo leer las cómicas, y verdaderas, memorias de su mascota Daysi. Una historia entrañable desde el principio al fin. Sociable, curiosa y terca por naturaleza, Daysi acude a eventos donde no siempre es bien recibida porque su voluminosa presencia nunca pasa inadvertida, provocando cataclismos, risas, ternura y emoción. Daysi es una cerda ibérica, a la que todos quieren... unos por cómo es y otros por el sabor que podría tener. Cristina la libró de un destino más que oscuro y previsible. A cambio Daysi le desbarató el corazón y pasó a convertirse en parte de su vida. Qué más da si es un perro, un gato, un conejo o una cerda. Eso es algo que el insensato que ha abandonado al perro no podrá entender jamás.